sábado, 2 de septiembre de 2023

¿Podría ser la fotografía más antigua de la historia?


La histórica Vista desde la ventana de Grass, a la izquierda su estado actual y a la derecha tratada para poder verse, realizada por Joseph Niépce en 1826.

Esta semana ando algo cabreado con un artículo que he leído en una web, por cierto una de las pocas que van quedando especializadas en fotografía, donde "descubrían" hace un año que la célebre Vista desde la ventana de Grass de Joseph Niépce no es la fotografía más antigua de la historia, sino la fotografía conservada más antigua. Algo que ha sorprendido a muchos lectores y que por otro lado es absolutamente cierto y conocido desde siempre, ya que no solo es uno de las varias pruebas que realizó el inventor francés, sino que de forma simultánea otros científicos estaban investigando en procesos similares de los que no nos han llegado trabajos. 



Vista de Córdoba desde el Guadalquivir, la nueva fotografía más antigua de la ciudad, por el momento, realizada por Pierre Émile Joseph Pécarrère, 1851 Ca.

Esto me ha llevado a pensar para que puñetas ha servido el trabajo de tantos historiadores, porque sí ni un experto en fotografía sabe leer un texto histórico, que pasará con un lector medio. En cualquier parcela del saber, y me atrevo a afirmar que de la vida, el conocimiento absoluto es una quimera. Y hasta el más reputado científico puede ver como en cualquier momento tumban sus teorías. Pero en el campo de la historia, esta realidad es aún más acusada, ya que los historiadores trabajamos con información limitada por el natural paso del tiempo y a la visión del puzzle de la historia que ofrecemos siempre le faltarán piezas. Por ello, cuando escribimos no se nos cae de la pluma, bueno del teclado del ordenador, las expresiones condicionales. En mi caso: esta fotografía podría ser ... , se trataría del fotógrafo ... , con los datos que manejamos posiblemente estamos ante ... , o la habitual ... a fecha de hoy se trata de la fotografía más ..., por no hablar del uso de la habitual fecha circa o aproximada. Unas formas que permiten construir hipótesis, que no axiomas, y que con el paso del tiempo y el hallazgo de nuevos datos permiten reformular o modificar esos planteamientos. Por ejemplo, mi primer libro, La Mezquita de Plata, editado en 2007, hace tiempo que requiere de una revisión, ya que al menos un 30% de sus datos han quedado, en solo 16 años, desfasados. Otro ejemplo más reciente es el de este verano, cuando publiqué en Diario Córdoba el hallazgo de la nueva fotografía más antigua de la ciudad, sí se leía más allá del titular, afirmaba que no solo era por el momento, sino que hay constancia de que existen fotografías más antiguas, pero que aún no han aparecido. Así que, queridos lectores, colegas, periodistas y demás, cuando nos leáis pensar que nuestro trabajo es más que un titular.


domingo, 13 de agosto de 2023

1966: Joel Meyerowitz en Córdoba


Mujer en el Coro de la Mezquita Catedral de Córdoba. Joel Meyerowitz 1966.

    
Hay fotografías que al primer vistazo pueden ser impactantes, pero solo unas pocas, instantes después, siguen manteniendo o acrecentando su potencia visual. Es el caso de esta fantástica instantánea del fotógrafo neoyorkino Joel Meyerowitz, considerado uno de los padres de la fotografía de calle y pionero en los años sesenta del uso de la fotografía en color. La toma fue publicada, en 2018, por la editorial madrileña La Fabrica en un libro con uno de sus primeros trabajos, realizado en Andalucía en 1966: Hacia la luz.

La imagen muestra a una mujer en uno de los asientos del coro de la Mezquita Catedral. Algo que hoy sería impensable por las estrictas normas de conservación del patrimonio en estos tiempos de turismo masivo. Esta fotografía fue realizada con la añorada película diapositiva KodaChrome, pionera en los procesos comerciales en color, allá por 1935, y de gran fidelidad cromática. Aunque la toma, debido a la baja sensibilidad de la película como a la escasa iluminación natural del coro, es casi una fotografía monocroma, tanto por la falta de matices de la oscura madera de caoba de la barroca sillería, como por la uniforme tonalidad de esas piernas de mujer que emergen de entre los asientos. Su belleza, la de la instantánea, a mi modo de ver, es extraordinaria, especialmente por su sencillez, algo muy poco habitual en las abarrotadas instantáneas callejeras de Meyerowitz. 

En el pequeño espacio encuadrado del enorme coro, el fotógrafo se escora para conseguir una toma lateral que acentúa la escasa fuga de la toma y que junto a la luz nos dirigen a las piernas de la turista, muy probablemente extrajera, hay que pensar que en 1966 no era muy habitual entre las españolas el uso de la minifalda y más en una catedral. Una viajera desconocida a la que no se le distingue el rostro y que precisamente su anonimato la convierte en un icono que simboliza toda una época. La imagen contrapone esos tiempos de cambio que fueron los sesenta especialmente para la mujer y que aquí simbolizada la minifalda, y que contrasta con la idea de tradición, representada por un espacio sagrado del cristianismo. 

Yoel pasó casi seis meses en Andalucía, sobre todo en Málaga, desde donde viajó a nuestra ciudad y donde realizó numerosas fotografías, tanto en blanco y negro como en color, pero de las que solo he encontrado tres más. Una anodina vista de los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos, una toma de la carretera de Córdoba a Sevilla y una tercera foto de una cruz de mayo, aunque de esta no tengo la certeza de que esté realizada en Córdoba, ya que pudiera ser de Granada, donde también se celebra esta festividad. 

En resumen, una fotografía fabulosa en lo visual e icónica en lo conceptual y que perfectamente podría unirse a ese selecto grupo de fotografías realizadas en nuestra provincia y que forman parte de la historia de la fotografía con mayúsculas.










domingo, 25 de junio de 2023

Santos, fotoperiodista cordobés


En el centro de oscuro, Domingo García Santos.


Desde hace años, vengo llorando porque aún no se ha conseguido recuperar dos de los grandes archivos fotográficos del siglo XX: el de Montilla y el de Santos. Al primero ya le dediqué una entrada en el blog hace tiempo, así que hoy le toca el turno a Domingo García Santos (Badajoz 1893–Chipiona 1955). 


Primera cabalgata de los Reyes Magos de Córdoba en los años 20.


Nuestro reporter gráfico, como el mismo se hacía llamar, se asentó en la ciudad en 1915, donde ejercía como maestro nacional de profesión. Una labor que desde 1924 compagina con la de  corresponsal de distintas publicaciones nacionales, en 1931 eran nada más y nada menos que 25 de medios de todo el país, además de colaborador fijo del rotativo local La Voz desde 1927. Pero por si no fuera poco, Domingo era profesor en la escuela de magisterio de la ciudad y miembro de la Cruz Roja local. Todo un personaje.


Proclamación de la II República en la plaza de las Tendillas.


Su trabajo abarca uno de los periodos más apasionantes de la historia de España, desde la dictadura de Primo de Rivera, a la II República, la Guerra Civil y el inicio de la dictadura franquista. Eventos que fotografió y de los que destacaría sus reportajes durante la guerra, en la que captó todo tipo de instantáneas con su cámara, aún de placas de cristal y con flashes de magnesio, para el diario cordobés Azul o los sevillanos ABC o La Unión. Tras el conflicto, Santos mantiene su colaboración con los diarios hispalenses, así como con el recién nacido Diario Córdoba. Aunque poco a poco reduce su actividad, hasta que finalmente abandona la profesión a finales de la década de 1940 y se traslada a Chipiona, donde fallece.


Procesión del Corpus en la calle Diario de Córdoba en los años 30.




Vista del Presidente de la República Niceto Alcalá Zamora a Priego.


De conservarse su archivo, la provincia, porque fotografió la gran mayoría de localidades cordobesas, poseería uno de los documentos gráficos más importantes de su tiempo, ya que Domingo no solo fotografió los grandes eventos, si no también las pequeñas historias del día a día, los sucesos más dramáticos, las fiestas populares y religiosas o las visitas de grandes personajes como el rey Alfonso XIII, Madame Curie o al presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. Hoy, su trabajo solo lo conocemos por un puñado de fotos dispersas en colecciones privadas y por las amarillentas páginas de los periódicos con los que colaboró. Ojalá, algún día, su trabajo apareciera en un trastero olvidado y viera la luz.


Puerta del antiguo Gobierno Civil de Córdoba tras el golpe de estado de Franco.
 


Detención de republicanos durante la guerra.



Entierro de fallecidos en la guerra en Hinojosa del Duque.

martes, 23 de mayo de 2023

Ladis, un fotógrafo para la Real Academia de Córdoba



Ayer se dio a conocer la nueva lista de miembros de la Real Academia de Córdoba. Entre ellos se encuentra mi compañero el fotoperiodista Ladislao Rodríguez Galán, Ladis hijo. Un honor más que merecido por sus más de 60 años de trayectoria profesional. Ladis no necesita presentación, pero os dejo la entrevista que le realicé hace unos años y en donde aparecen un buen puñado de sus fotos. Ladislao es toda una institución en Córdoba y decano de la profesión en la provincia. 




La Real Academia de Córdoba, una de las instituciones más antigua de la provincia, siempre ha contado entre sus miembros con fotógrafos, como ya os conté en otra entrada del blog. Aunque estos siempre ocuparon su plaza por su pertenencia a otras disciplinas del mundo de la cultura o de la ciencia. No será hasta la década de 1990, cuando la entidad incorpore a su primer fotógrafo, a nuestro querido y recordado Juan Vacas. Una plaza que tras su fallecimiento fue ocupada por mi compañero de tantos años Paco Sánchez Moreno. Ahora, con Ladis, por primera vez serán dos los representantes del mundo de la fotografía. Una distinción que honra su profesionalidad y su amor por la fotografía desde que era un niño. Pero con el nombramiento de Ladislao, la Academia también reconoce un poquito a nuestro arte y a todos los fotógrafos, profesionales y aficionados, de la provincia. 

Felicidades Ladis.

lunes, 1 de mayo de 2023

Ortiz Echagüe, el gran fotógrafo español del siglo XX en Córdoba


José Ortiz Echagüe. Ermitaños de Córdoba. Anterior a 1943. Museo de la Universidad de Navarra.

En la actualidad, la fotografía, hasta en nuestro país, está considerada como una disciplina artística. Pero esto no siempre fue así y durante mucho tiempo los círculos academicistas del arte afirmaban que la fotografía era, simplemente, un medio mecánico e industrial de captar imágenes. Una controversia que junto a la vulgarización de la fotografía, especialmente a partir de 1880, con la aparición de las placas al gelatino bromuro y las primeras cámaras de aficionados, propició como reacción antagónica el nacimiento del primer movimiento artístico de la historia de la fotografía: el pictorialismo

Este, en su orígenes, buscaba el reconocimiento de la fotografía como obra artística imitando los valores más clásicos de la pintura. Primero con sus temáticas academicistas y después adaptando la estética de la pintura impresionista, renegando así de los propios valores de la fotografía. Tras la I Guerra Mundial, esta corriente fue perdiendo influencia en todo el mundo ante el empuje de las vanguardias de entreguerras. Movimientos como el surrealismo, la Bauhaus o la nueva objetividad que asumieron la fotografía y su naturaleza entre sus herramientas creativas. Sin embargo, en nuestro país, el pictorialismo se mantuvo muy activo y tras la Guerra Civil resurge aún con más fuerza y es utilizado por el régimen franquista como una herramienta política con la que ensalzar los valores del régimen. Un motivo por el cual algunos críticos denostan este movimiento y especialmente a su mayor exponente patrio, el fotógrafo castellano José Ortiz Echagüe (Guadalajara 1886-Madrid 1980). 



José Ortiz Echagüe. Reala en Córdoba, Ca 1930. Museo de la Universidad de Navarra.

Para bien o para mal, estamos ante el fotógrafo español del siglo XX más reconocido y reconocible. Sirva de ejemplo que es uno de los pocos artistas españoles a los que el Metropolitan de Nueva York le ha realizado una exposición antológica. Además, Echagüe bien merecería como mínimo un biopic del cine español, ya que fue un personaje único: ingeniero militar, lucho en las guerras coloniales de Marruecos, participó junto al bando franquista en la Guerra Civil, fue piloto de globos, pionero de la aviación, fundador de CASA (Industria aeronáutica) y  de SEAT, tuvo 10 hijos y, sobre todo, realizó una obra fotográfica monumental que recogió en cuatro libros fundamentales en la historia de la fotografía: España tipos y trajes, España pueblos y paisajes, España mística y Castillos y Alcázares


                                      

                  

José Ortiz Echagüe. Córdoba. Internegativo y copia al carbón. Ca 1940.
                             Museo de la Universidad de Navarra.

Su obra, en lo conceptual, busca retratar, como se puede adivinar por el título de sus obras, la esencia de una  España apegada a sus tradiciones, su historia y su religión. En ella, algunos autores ven la visión fotográfica de la generación del 98 y otros el ideario de la dictadura franquista. En lo estético, su fotografía es deudora de unos valores más pictoricistas que pistorialistas, por el uso de técnicas de copiados artesanales como el carbón directo sobre papel Fresson con las que José consigue un acabado similar al de un dibujo al carboncillo con los que consigue copias que nos recuerdan a la estética impresionista.


José Ortiz Echagüe. Montoro. Internegativo. Ca 1940. Museo de la Universidad de Navarra.

Córdoba no está demasiado presente en su obra y de forma ya algo tardía en la producción del fotógrafo, datándose en torno a las décadas de 1930 y 1940. Sin duda, su trabajo cordobés más importante es su reportaje sobre los ermitaños de la sierra. Un retrato preciosista de espectaculares imágenes de estos míticos personajes, ya desaparecidos del paisaje de las Ermitas. No obstante, su catálogo se amplia con algunas foto menores de tipos de caza de su trabajo sobre vestimentas españolas; una imagen de la plaza de Capuchinos y de la ermita de la Estrella de Villa del Río en su libro sobre la religión; algunas vistas de la ciudad del en torno del Puente Romano y del Guadalquivir a su paso por Montoro; y por último sus majestuosas vistas del castillo de Almodóvar dentro de su reportaje de fortalezas.


José Ortiz Echagüe. Ermita de la Virgen de la Estrella, Villa del Río. 
Anterior a 1943. Museo de la Universidad de Navarra.

Para mí, como ya he indicado, su obra es monumental. Una delicatensen estética de una belleza absoluta de valores visuales atemporales. Y, más allá de sus componentes ideológicos, que innegablemente son muchos y muy identificables, estamos ante un documento fotográfico de primer orden. Imágenes de un tiempo y de una España que ya no existe y que, quizás, ni el mismo Echagüe conoció. Por qué José construía muchas de sus imágenes, ya fuera con su maestría en el laboratorio, donde de forma analógica insertaba en sus instantáneas sus característicos cielos de nubes o algunos personajes, o construyendo en vivo la escena, colocando y vistiendo a los personajes como y donde él quería, cual pintor de antaño. 


José Ortiz Echagüe. Castillo de Almodóvar. Ca 1940. Museo de la Universidad de Navarra.

Hoy, su archivo lo conserva el Museo de la Universidad de Navarra, una entidad que nació para gestionar su obra como Legado Ortiz Echagüe y que hoy alberga una de las colecciones privadas más importantes del país. Recientemente la colección navarra ha actualizado su web, subiendo multitud de imágenes, incluso los internegativos del maestro, así como toda su impresionante colección fotográfica disponible a un solo click.









lunes, 10 de abril de 2023

Dorothy Bohm en Córdoba


Cordoba, Spain, 1959 © Dorothy Bohm Archive.


Cada día soy más consciente de cuan poco sé de fotografía. Y es que, hace unos días, descubrí a una gran fotógrafa que desconocía totalmente: Dorothy Bohm (Königsberg 1924-2023). Se trata de una de las grandes del humanismo fotográfico de postguerra y maestra de la fotografía callejera. Su trabajo es impresionante, como podréis comprobar en su propia web, donde también podéis leer su interesante biografía. Dorothea Israelit, su nombre de soltera, fue una gran viajera, pionera de la fotografía en color y en los años 50 visitó España.

Una de sus fotografías de su estancia en Córdoba, realizada en 1959, fue la que me cautivó en una red social. Pero allí, para variar, no aparecía ningún tipo de información de la imagen ni de la autora, salvo que estaba realizada en la ciudad. Algo patente en la propia imagen, donde se reconoce perfectamente la fuente de la Cuesta del Bailío. Esto me llevó a  investigar un poco y gracias al buscador inverso de imágenes de Google di con la fotógrafa. Se trata de un maravilloso retrato callejero de una joven cordobesa que podría estar realizado en cualquier ciudad española, de hecho su ubicación, al menos para mí, es irrelevante, ya que no aporta más valor a la enorme calidad de la imagen. Aunque tampoco puedo negar que me alegra saber que esta maravillosa instantánea sea cordobesa. 


Dorothea Israelit, su nombre de soltera, con su cámara. 

Pero que es lo que hace que una foto te impacte de esta forma. Para mí, en este caso, es su equilibrada belleza, donde su composición es fundamental, ya que cada elemento de la imagen está en su sitio. La chica no está en el centro, sino desplazada a la derecha, lo que permite dar un gran protagonismo a la fuente que hace de contrapeso a la muchacha. La naturalidad de los dos personajes del fondo crea una sensación de instantánea espontánea. Además, estos, junto al bolso de la chica, aumentan el equilibrio del encuadre. Una potencia visual que incrementan las dos líneas paralelas horizontales del pretil de la fuente, arriba, y la del escalón, abajo. Por último, la luz de la tarde, incidiendo en el perfil de la muchacha, es genial. Esta iluminación crea esa línea en su figura que le da volumen y la separa del fondo y al mismo tiempo parece que la joven busca la luz con su mirada. No menos importante es la elegante pose de la muchacha, recogiéndose con naturalidad la falda, y el atractivo rostro de esta bellísima cordobesa.

Vamos, como ya os habréis dado cuenta, me encanta. Y sí me sobraran 600€, que es lo que vale una copia de época en la web de la fotógrafa, estaría ya formando parte de mi colección. Pero, por desgracia y como algunas más, tendrá que esperar a que me toque la lotería.

De la estancia en la ciudad de Dorothy solo he encontrado esta otra bellísima imagen de un callejón, al menos así la identifican en varias webs. Aunque podría ser la Calleja de la Hoguera, no estoy nada seguro y no me recuerda a otro espacio urbano cordobés. Sea o no cordobesa, la fotografía es otro brillante ejercicio fotográfico de composición y uso de la luz. Sin duda, Dorothy Bohm, para mí, un gran descubrimiento.



Sevilla, Spain, 1959 © Dorothy Bohm Archive.

domingo, 26 de febrero de 2023

Córdoba en la prensa ilustrada del siglo XIX


Portada de La Ilustración de 1896 con un grabado fotográfico de la portada del actual Palacio de Congresos de Córdoba, obtenido a partir de la fotografía de la casa Hauser y Menet.


Hasta no hace tanto, para mucha gente lo mejor del domingo era salir a tomar la cervecita a una terraza al sol mientras disfrutaba de la prensa. Para mí, los suplementos dominicales eran mi pasión, ya que ofrecían un gran despliegue fotográfico en sus páginas de papel couché, casi siempre en color, donde se podía disfrutar del trabajo de los mejores fotógrafos del momento. Hoy, son pocas las revistas que sobreviven a la revolución de internet. Un formato que vivió grandes épocas de esplendor y que está a punto de desaparecer. 


Proceso de grabado xilográfico.

En nuestro país, sus orígenes se remontan al primer tercio del siglo XIX con el nacimiento de las primeras revistas ilustradas, que no gráficas, como el Semanario Pintoresco Español (Madrid 1836-1857). Este periódico, de salida primero quincenal y posteriormente semanal, ofrecía en sus páginas contenidos muy variados dirigidos a toda la familia. Eso sí, a familias de clase acomodada que eran las que se podían permitirse ese gasto y que, además, sabían leer. La gran novedad e impacto de estas publicaciones será el uso de la imagen como nuevo lenguaje informativo al incluir varios grabados en cada ejemplar. Su temática, al igual que el resto de la información, era muy diversa y abarcaba desde informaciones sobre moda femenina, noticias de actualidad, reproducción de obras de arte, retratos de personajes célebres o vistas de ciudades y monumentos de todo el mundo. Hablamos de un momento en que la fotografía estaba en sus comienzos y las revistas recurrían a dibujos del natural impresos mediante el uso de la técnica del grabado sobre madera o xilografías para ilustrar sus páginas. 


Bellísimo grabado de la cabecera de la revista.

En 1869, nace en Madrid la gran publicación ilustrada española del XIX: La Ilustración Española y Americana. Heredera de El Museo Universal, esta sigue los pasos de grandes cabeceras europeas como la británica The Illustrated London News o de la francesa L´illustration, apostando por el uso masivo de imágenes. Aunque por entonces, los sistemas de impresión aún no habían conseguido reproducir fotografías. Los editores, conscientes de su interés y atractivo para los lectores, comienzan a incorporarlas a sus informaciones. Ante la imposibilidad técnica de imprimir fotografías de forma directa usan una sencilla solución, copiar las imágenes mediante grabados xilográficos y lo más importante para los lectores, indicar a su pie que la estampa es copia de una fotografía. Una frase fundamental que dotaba al grabado de toda la veracidad y realismo de su matriz fotográfica. No obstante, al menos con la cultura visual de hoy día, su diferenciación es muy fácil, porque la pericia de los grabadores era excelente y no solo conseguían trasladar todo el realismo de la fotografía, sino también el efecto de perspectiva y volúmenes de las imágenes. Aunque en ocasiones, los grabadores modificaban las imágenes incorporando de su imaginación grupos de personas para animar las vistas, ante la incapacidad de la fotografía de la época de captar personas en movimiento.

En el medio siglo de vida de la revista, esta publicó con cierta frecuencia grabados cordobeses, tanto procedentes de dibujos como de fotografia. En el caso de los fotográficos, su interés, como no, estuvo centrado en el patrimonio monumental de la ciudad que reproducía las imágenes del catálogo de la casa fotográfica del madrileño Jean Laurent  (Garchizy 1816-Madrid 1886). Sus espectaculares vistas de la Torre de la Malmuerta, la Mezquita, la Calahorra o del Puente Romano se alternaban con tomas de tipos como la de las jornaleras en plena faena de la recolección del cereal o el retrato del torero Lagartijo. Años más tarde, la publicación sustituirá este fondo fotográfico por el de la editora madrileña Hauser y Menet del que publica una detallista imagen de la fachada del actual Palacio de Congresos de la calle Torrijos. El único fotógrafo local que publicó en sus páginas fue el malagueño afincado en la ciudad José Oses (Málaga 1840-1893), que les remitió, por entonces los mismos fotógrafos enviaban sus fotos de forma gratuita a las revistas para su inclusión, si lo creían adecuado, dos fotografías de su espectacular panorama del Real de la Feria de Nuestra Señora de la Salud en los llanos de la Victoria de 1882. 


Magnifico grabado de la fabulosa fotografía de la casa Laurent de un grupo de jornaleras cordobesas.

La mejora de los sistemas de impresión, ya en la década de 1880, se producen gracias a la introducción del sistema de trama por medios tonos, que irán transformando a las revista ilustradas y modernizar sus imprentas. Las primeras fotografías cordobesas reproducidas de forma directa por medios fotomecánicos no aparecen en La Ilustración hasta 1898, cuando incluye un amplio reportaje del mortal accidente en la mina Santa Isabel de Belmez. Se trata de cuatro fotografías, en las que no falta al pie el crédito del fotógrafo, un desconocido D.E. Lupiáñez, que muestran varias vistas de la mina y de los funerales de las víctimas. A partir de este año, los grabados informativos cederán espacio a las reproducidas fotográficas directas y estas solo aparecen en la publicación cuando son obras artísticas originales, en su mayoría de un estética costumbrista, tan de moda en la España de la época. Con la llegada del nuevo siglo, el formato comienza a estar desfasado. Además, el impacto de la nueva prensa gráfica, con diseños y formatos más modernos en los que la fotografía es la gran protagonista informativa, la llevan a un continuo declive y la pérdida de lectores, que la obligan a su cierre en 1921 y con él el fin de una época. 


Xilografía a partir de fotografía de la casa Laurent de la Torre de la Calahorra.
 

R
etrato del diestro Lagartijo xilografiado de una fotografía de Jean Laurent.



Dos grabados de la revista a partir de fotografías del malagueño Oses del Real de la feria de la Salud.



Dos vistas de la Mezquita Catedral de la compañía de Jean Laurent reproducidas como grabados por la revista madrileña.


Monumental xilografía de la célebre vista De la Torre de la Malmuerta realizada en 1867 por J. Laurent.


Primeras fotografías cordobesas reproducidas de forma directa por la revista.
Accidente de Belmez por Lupiáñez.

martes, 31 de enero de 2023

Luis Masson en Córdoba: 1859.


Una de las dificilísimas vistas del interior de la Mezquita de Masson en la que se aprecian las arquerías blanqueadas
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Curiosa toma del Puente Romano y el río realizada por Luis.



La avenida del Gran Capitán captada por Masson.

Acabo de darme cuenta que nunca le había dedicado una entrada en el blog a Luis Leon Masson (Tours 1825-¿?), uno de de los fotógrafos monumentales y de vistas más interesantes de todo el siglo XIX español. Este profesional francés, del que realicé un amplio estudio en mi libro El Laberinto de Columnas, captó una temprana y numerosa producción de casi medio centenar de fotografías de la ciudad y que hemos datado entre 1858 y 1865. La calidad de su trabajo es similar al de los dos grandes nombres de la fotohistoria española de este periodo: Clifford y Laurent. Sin embargo, Luis aún es un gran desconocido y ha pasado casi desapercibido en los manuales de la historia de la fotografía en España. Masson realizó su colección de vistas españolas de forma simultánea tanto en formato sencillo como estereoscópico. Un reportaje en 3D que está considerado como uno de los primeros realizado por un autor local en España. 

De su paso por la ciudad no hemos encontrado ninguna noticia en la prensa cordobesa de la época, que sí solía informar en sus páginas de la llegada y estancia de otros muchos colegas. Eso sí, sabemos que Luis, muy probablemente, se alojó durante en la ciudad en la célebre Fonda Rizzi, habitual hospedaje de  visitantes a mediados del siglo XIX en la céntrica calle Cabildo Viejo, hoy Ambrosio de Morales. Y ello, gracias a la vista estereoscópica que obtuvo del barrio de la Axerquía desde la terraza del alojamiento. Hasta ahora, por sus fotografías que conocíamos tan solo podíamos aventurar una visita anterior a 1865, al aparecer todas sus vistas del interior de la Mezquita con las arquerías aún blanqueadas.  

Nuestro colega, el investigador granadino Carlos Sánchez Gómez, si ha podido datar con mucha precisión las fotos de Luis en la Alhambra gracias al estado de conservación del monumento nazarí en sus imágenes y lo fija en torno a dos viajes en 1859 y 1861. Una horquilla temporal que, gracias al hallazgo que hemos realizado de una nueva fotografía cordobesa de Luis en la colección fotográfica de la Universidad de Navarra, podemos aplicar también a su reportaje de la ciudad. 






Vista estereoscópica de Córdoba y detalle, Luis Masson cerca 1859/1862.


Se trata de una fotografía estereoscópica, que muestra una clásica vista de la ciudad desde la orilla del Guadalquivir junto a la Torre de la Calahorra. Esta copia no aparece firmada, pero es idéntica en su formato, cartulina y textos identificativos de otras de sus fotografías cordobesas, por lo que le es fácilmente atribuible. Pero lo más importante es que el fotógrafo elige un encuadre en el que se aprecia a la perfección el estado del molino de San Antonio, cuando aún está sin reformar su embarcadero. Su estado coincide a la perfección tanto con la fotografía realizada por los profesionales de la casa Ferrier en 1857 como con la toma de Charles Clifford realizada en 1859. Una vista que el galés repite casi miméticamente en 1862 durante la visita de Isabel II a la ciudad y en la que ya se aprecia como el molino ha sufrido una profunda rehabilitación en su estructura de acceso. Gracias a estas dos fotografías y a la fecha de la llegada a Andalucia de Masson, en el verano de 1858, nos encontramos en disposición de cercar aún más la fecha de la realización del reportaje cordobés de Luis entre los años 1859 y 1862. Un dato que confirma a Masson entre los cinco pioneros que captaron fotografías de la ciudad en la década de 1850 y su trabajo como uno de los mejores de toda la fotografía cordobesa del siglo XIX.




Vista de la ciudad de la casa Ferrier de París de 1857.




Vista sur de Córdoba, Charles Clifford 1859.



Vista sur de Córdoba, Charles Clifford 1862.


Para saber más:

-Fernández Rivero, Juan Antonio y García Ballesteros, Teresa. Descubriendo a Luis Masson: fotógrafo en la España del Siglo XIX. Málaga: 2017.

-González, Antonio Jesús. El laberinto de columnas. Fotografías y fotógrafos en la Mezquita Catedral de Córdoba. Córdoba: Cabildo Catedral de Córdoba, 2018.