domingo, 6 de marzo de 2022

Postales Cordobesas, Imprenta y Papelería La Catalana

Imprenta y Papelería La Catalana


Calle Joaquín Costa, hoy Capitulares, hacia 1920.



El mundo del coleccionismo postal abarca millones de fotografías de todo tipo de temáticas. Pero para los postalistas todas esas imágenes se dividen dos categorías básicas: postales de piedra y postales animadas. Una descripción muy obvia y comprensible. Las primeras muestran fotografías de monumentos, calles o lugares donde no hay presencia humana, mientras que en la segunda el elemento humano no solo está presente, sino que es fundamental. 


La Mezquita Catedral y la monumentalidad de la ciudad de Córdoba hacen que una inmensa mayoría de las cartulinas cordobesas pertenezcan a la categoría de postales de piedra. No es que sean cartulinas con fotografías de baja calidad, todo lo contrario, incluso hoy día con cámaras digitales hacer buenas fotografías del interior de la Mezquita Catedral es técnicamente difícil, por eso existen tantas, porque los turistas no saben hacerlas. Sin embargo, estas postales visualmente son monótonas y para los coleccionistas de menor valor.



Imprenta y Papelería La Catalana en su ubicación de la calle Joaquín Costa hoy Capitulares.


Por ello, la historia de la postal ilustrada en nuestra ciudad está dominada por este tipo de postales de piedra. Una deliciosa excepción son las colecciones de la editora cordobesa Imprenta y Papelería La Catalana. Esta empresa fue fundada por el empresario catalán Jaime Costas Asber (Barcelona 1858-¿?) en el año 1879. La Catalana se convirtió en pocos años en una de las imprentas de referencia de la ciudad junto a la del Diario de Córdoba. Con la llegada de la moda de la tarjeta postal a finales del siglo XIX, esta imprenta, que originalmente se llamaba como su propietario, Imprenta Jaime Costas, se convierte en una de las primeras editoras cordobesas de postales, junto a la de Antonio Morales (AMS), en comercializar sus propias postales. 





Antes de continuar, me gustaría delimitar que la producción de postales depende de tres figuras profesionales que no siempre coinciden en la misma persona o empresa: el fotógrafo, el impresor y el editor. La primeras postales de Jaime son de una extraordinaria calidad de impresión y fueron estampadas por el proceso de fototipia por la casa berlinesa Manes & Co. Las fotografías fueron realizadas en 1885 por la popular casa parisina de Lucien Levy & Fills. Por lo que Costas en su primera serie postal solo era editor. Esta colección, encuadrada claramente en el grupo de postales de piedra, fue impresa en torno a 1902 y constaba solo de ocho cartulinas. Siete de ellas dedicadas a la Mezquita Catedral más una vista del skyline de la ciudad desde el entorno de la Calahorra. Una fantástica imagen que introduce un tipo cordobés observando el paraje y que la hace excepcional entre los miles de fotografías que desde esa zona se han captado a lo largo de los años.   


El resto de las postales de la casa cordobesa ya son posteriores a 1905. Un dato que nos confirma su propia morfología con el dorso dividido. Una estructura que se modificó en este año y que es la aún vigente. La cara de las cartulinas pasan de compartir texto y fotografía a dedicar ese espacio solo a la imagen. Mientras que el dorso, en el que antes solo se escribía la dirección, ahora también incluye el mensaje. Otra información importante es que hasta 1905 todas las postales aparecen bajo la edición de Imprenta de Jaime Costas y todas las posteriores bajo la titularidad de Imprenta y Papelería La Catalana. Un grupo de postales más numeroso y que podría estar entorno al centenar de imágenes. 



La calle Nueva o Claudio Marcelo.


La datación de estas postales es muy compleja, ya que no tenemos más referencias que las de las propias imágenes. La nomenclatura de algunas calles o la construcción de algunos elementos urbanos nos llevan a ubicarlas en la horquilla de entre finales de la década de 1910 y comienzos de la de 1930. Este periodo coincide con el cambio de propietario de la empresa en año 1921, cuando Jaime Costas la traspasa a uno de sus trabajadores, Manuel Fernández Pozo(Torrecampo 1874-¿?) quien mantendrá la misma marca hasta el año 1935, última referencia que conocemos del comercio en la prensa cordobesa. La Catalana siempre estuvo ubicada en la hoy calle Capitulares, por entonces Ayuntamiento y posteriormente Joaquín Costa 8. De ella, conocemos una preciosa fotografía realizada por Francisco Montilla, que nos muestra su fachada con los típicos y abigarrados escaparates de la época.


A nuestro juicio, este grupo de postales de La Catalana posterior a 1905 es única en el postalismo cordobés. El primer motivo es que sus colecciones, además de las indispensables cartulinas del templo mayor cordobés, despliegan una variedad iconográfica amplísima y recorren los rincones y calles menos habituales del repertorio postalista del siglo XX. Cartulinas como la del interior del mercado de abastos de la Corredera, las calles Capitulares o Claudio Marcelo; las avenidas de Los Tejares, Medina Azahara o El Brillante; la plazas de Colón o del Salvador, el paseo de la Victoria, los jardines del Duque de Rivas, la muralla del Marrubial o el arroyo Pedroches, entre otras. Un ramillete de espacios urbanos imposibles de hallar en ninguna otra colección postal de los años 20. 


De igual valía es la calidad fotográfica de sus imágenes. En las postales no aparece la autoría del fotógrafo. Pero, por su estética uniforme, creemos que la inmensa mayoría fueron realizadas por un solo profesional. Estas poseen unas composiciones limpias y compactas. Su autor busca siempre líneas de fuga acusadas, para lo que coloca la cámara siempre en un punto elevado. Esto dota a sus fotografías de una gran profundidad y amplitud, incluso en el estrecho callejero del casco histórico. Pero quizás lo más importante es que el fotógrafo siempre incluye en sus encuadres la presencia de cordobeses por las calles. Personajes que las llenan de vida y cierto tipismo. Por último, pero no menos importante, la calidad de impresión de las mismas que eran realizadas por la prestigiosa casa barcelonesa Thomas.


Sin duda, esta colección de postales de La Catalana es de un inmenso valor, al tratarse de una de las editoras pioneras de la ciudad, por la calidad de sus postales, superiores a las de competidores tan reconocidos hoy como Garzón o Señán, por la calidad fotográfica y de impresión de sus imágenes, pero sobre todo por mostrarnos esa Córdoba alejada del casco histórico. Un documento lleno de vida donde los cordobeses se erigen en protagonistas de un tiempo para el recuerdo.