El fotomatón en Córdoba


Modelo de fotomatón de 1928

En los últimos meses, casi sin proponérmelo, he ido narrando en el blog una serie con la pequeña historia de los más modestos fotógrafos cordobeses del siglo XX, a los que, por desgracia, no les había prestado mucha atención. Hoy, voy a cerrar esta colección con un acercamiento a las fotografías más utilitarias y sencillas: las imágenes sin fotógrafo, vamos al fotomatón. Quién no se ha hecho apresuradamente más de una y de dos veces los retratos para el DNI o el carné de conducir justo antes de la cita en Comisaría o Tráfico. Vamos hasta los jóvenes de la generación Z seguro que utilizan alguna de la casi una decena de cabinas fotográficas que aún quedan distribuidas por casi todos los distritos de la ciudad. Pero más de uno pensaréis que qué valor tienen estas fotografías tan simples. Pues, al menos a mis ojos y en sus inicios, las tienen. Estas máquinas fueron la última frontera para democratizar la fotografía entre todas las capas de la sociedad. Además, no puedo dejar de relacionarlas con la encantadora película francesa Amélie (2001), donde son uno de los hilos argumentales del filme y en los que estos retratos se convierten, al menos a mi modo de ver, en una acción fotográfica conceptual muy potente: recoger retratos desechados por los clientes y crear un evocador álbum de retratos descartados.





En España, las primeras cámaras autómatas se remontan a la Exposición Universal de Barcelona de 1888, donde funcionó un ingenio bajo una patente de Juan Cantó (1). Curiosamente, por su morfología, nada tenían que ver con nuestra moderna idea de foto de carnet, ya que estos quioscos utilizaban la técnica del ferrotipo, es decir, una fotografía sobre una chapa de hierro con una emulsión al colodión húmedo. Estas fotografías son muy fáciles de identificar tanto por su soporte metálico como por su imagen muy oscura, debido a que la plancha tenía una base de pintura negra, y solían montarse en un pequeño marquito.



Modelo autómata de 1888

En Córdoba, no he encontrado noticias sobre ninguna máquina de estas características instalada en la ciudad, pero existen diversas piezas como algunos retratos en el fondo Romero de Torres donde aparecen Julio y su hermano Enrique o en mi misma colección, en la que cuento con varias piezas que adquirí hace unos años a un anticuario local del modelo alemán Bosco con patente del hamburgués Conrad Bernitt. Un modelo que llegó a España en 1897 y que generaba unas interesantísimas piezas por una peseta de la época. Las planchas poseen unos bordes que recuerdan a una mini bandejita de cocina, no os parece. El dorso es muy interesante, ya que reproduce un grabado de la máquina fotográfica con una usuaria ante el kiosco, así como información tan valiosa como que requería solo 3 minutos de espera para conseguir la fotografía. Sin embargo, este tipo de fotoautómata no dejaba de ser más una curiosidad de feria que hacía de la fotografía un divertido objeto para coleccionar.






Cara y reverso de un retrato de fotomatón tipo Bosco sobre chapa de metal, Ca 1900.


Habrá que esperar hasta el año 1928 (2), cuando la prensa nacional anuncie un nuevo invento estadounidense que ofrecía retratos, ya sí, en una tira papel: 


       El fotomatón, actuando á modo de cámara cinematográfica, durante los veinte segundos de exposición, fija ocho actitudes ó expresiones fisonómicas distintas, lo que contribuye á aumentar el interés del retrato, en vez de la fría y por lo general inexpresiva imagen única corriente (SIC).




Retrato de fotomatón, Ca 1930.


Estos ingenios apenas tardaron un año en llegar a España y tenemos constancia por la su publicidad en prensa local de su presencia en Córdoba al menos desde 1939. Sin embargo, en estos primeros años, estas máquinas continuaban siendo más un entretenimiento lúdico que una herramienta puesta al servicio de expedición de los documentos de identificación personal. Una obligación que comenzó a implantarse en nuestro país a partir del decreto de creación del DNI de fecha de 2 de marzo de 1944 (3) y que en nuestra provincia tenemos noticias de su expedición con fotografía al menos desde 1951 (4) de forma obligatoria a la población de ambos sexos de entre 19 y 25 años. 


“El papel soporte de las pruebas fotográficas tendrá 25 milímetros ancho por 40 de alto, y un grueso de una décima de milímetro como máximo. Este será de fondo blanco, con la fotografía en tono negro, sin brillo, y como las características de las fotografías han de ajustarse a varios datos más, los fotógrafos establecidos en esta capital, se personarán en las Oficinas de expedición del referido documento, para ser informados debidamente del objeto de que no se les ocasione gastos indebidos a sus clientes”.




Tira de cuatro retratos, Ca 1945.


Una responsabilidad que, en una década, se fue extendiendo a toda la población y que generó un importante negocio entre los profesionales locales que no disfrutaron mucho del negocio de la foto carné, ya que, casi inmediatamente, las máquinas fueron adaptadas a los formatos oficiales que requerían el documento. Momento en que estos retratos comenzaron a perder toda su espontaneidad para convertirse en, otra vez, formales retratos individuales.







1 VEGA PÉREZ, Celia. Orígenes del fotomatón en España (1888-1929). Madrid: Revista General de Información y Documentación. Vol. 24-2 (2014) 305-341.
2 1928.05.05 La Esfera. 
3 1939.10.20 Azul.
4 1951.05.12 BOP de la provincia de Córdoba.








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