Fotógrafos de Feria


Los seguidores más fieles del blog quizás me hayáis leído en más de una ocasión quejarme de lo largo que es el mes de mayo en Córdoba para un fotógrafo y lo duro que es el trabajo en la Feria, especialmente cuando ya llegas exhausto a la última semana del mes y el calor aprieta. Por ello, y antes de que empiece a trabajar en esta edición, os traigo una pequeña selección de fotografías de unos de los más modestos profesionales de la cámara: el fotógrafo de feria. 




Los que ya tenemos unos años seguro que recordáis aquellos profesionales que en todas las ferias montaban sus humildes galerías ambulantes con sus caballos de cartón, donde pocos padres se resistían a inmortalizar a sus vástagos vestidos de flamencos. Pero el origen de esta especialidad fotográfica se remonta casi al mismo nacimiento de la profesión, cuando los retratistas ambulantes aprovechaban la gran afluencia de público a las fiestas, especialmente en las localidades medianas y pequeñas donde no existían fotógrafos estables, para hacer negocio. Sin duda, las ferias, las fiestas patronales o las romerías eran un lugar idóneo para conseguir clientes en unos días de mucha alegría, festiva y económica. 

En el siglo XIX, los profesionales se limitaban a instalar su estudio en una pensión en la localidad de turno. Allí, instalaban sus equipos para realizar retratos formales que emulaban a los de las grandes galerías de capital. Pero según fue avanzando el siglo XX, la fotografía se convirtió en un objeto de consumo cada vez más cotidiano y los retratistas ambulantes se instalaban en la plaza de los pueblos con sus improvisadas galerías e incluso en las mismas ferias como una atracción más de la fiesta. En el real, los profesionales instalaban sencillos telones pintados a mano que reproducían todo tipo de simpáticas escenas, donde una clientela muy popular se retrataba con familiares y amigos por unos céntimos. La fotografía se había convertido en un objeto de consumo lúdico y ya no había solo que mostrar un rostro serio o una pose formal de persona respetable ante la cámara.  

Estas sencillas fotografías nos muestran a nuestros abuelos y abuelas posando ante cómicos forillos con un agujero para introducir la cabeza o en estructuras de madera de varias piezas que gracias al efecto óptico de la cámara los convertían en héroes de la aviación, grandes maestros del toreo, artistas del espectáculo, pasajeros de todo tipo de embarcaciones, conductores de coches o incluso en famosos futbolistas. Sin duda, una divertida fantasía fotográfica con la que recordar los días de feria. 

Las copias eran muy modestas, de muy pequeño formato, 9x6 cm o incluso más pequeñas, en papel al gelatino bromuro. Además, casi siempre sin ningún tipo de cartón o soporte secundario y sin rastro de la ubicación de la localidad. Las piezas cordobesas más antiguas que he encontrado las dato en la década de 1920, con ejemplares tan chulos como las fotografías de. más arriba de los aeroplanos sobrevolando la ciudad. Este tipo de retratos estuvieron de moda hasta avanzada la década de los 60 del pasado siglo, momento en el que estas deliciosas fotografías comenzarán a decaer por otras formulas como las del retrato de tiradores o las ecuestres. 

De sus humildes autores, no ha quedado ni noticia de ellos, ya que ni tan siquiera firmaban sus trabajos y su carácter ambulante no ha dejado ningún tipo de información sobre estos profesionales y su trabajo más allá de estas pequeñas joyas.





















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