Cuadernos del Sur

Hoy cumple 25 años el suplemento de cultura de mi diario, Cuadernos del Sur. Una empresa muy compleja y más en estos malos tiempos que corren para la lírica. Aunque siempre ha dominado en sus páginas la información y la crítica literaria, también ha tenido hueco para otras disciplinas artísticas como la fotografía. Sus páginas han narrado las distintas Bienales de fotografía de Córdoba y numerosas exposiciones y eventos fotográficos

Su coordinador, mi compañero Paco Carrasco, me pidió un artículo con motivo de esta celebración en el que narrara estos 25 años de fotografía. Me he lanzado a la piscina a sabiendas de mis limitaciones y la escasez de espacio que me obligaría a ser muy conciso. Seguro que me he dejado muchas cosas, pero creo que ha sido muy interesante este esfuerzo de memoria y análisis. Aunque seguro que no es del agrado de todos.

Aquí os lo dejo el artículo en versión foto. Si picáis en la imagen tiene tamaño suficiente para leerlo con comodidad.    

Perdón pero en mis dispositivos se podía leer la foto. Así que aquí va el pestiño.


Fotografía desde el sur

Si hace 25 años le hubiera contado a cualquier fotógrafo que el invento de algo llamado CCD, desarrollado a partir de 1969 por los norteamericanos Willard Boyle y George Smith, iba a poner patas arribas el mundo de la fotografía, nadie me hubiera creído. Bien es cierto que la fotografía, desde su mismo nacimiento, se ha caracterizado por ser un medio tecnológico y que no ha parado de sufrir cambios y mejoras en los procesos de producción de las imágenes. Ya lo hizo el daguerrotipo con las heliografías de Niepce, o el gelatino bromuro de Richard Madox con el colodión húmedo y la Leica y la película de 35 mm con las placas de cristal.


Pero la llegada del mundo digital a la fotografía, aunque ya se ha convertido en un tópico, ha sido la mayor revolución que ha sufrido el medio fotográfico en toda su historia. Gracias a la tecnología digital todo el mundo se ha convertido en fotógrafo y la imagen fotográfica inunda nuestras vidas a través de todo tipo de dispositivos.

Sin embargo, en estas dos décadas y media han sido años de lucha para los fotógrafos en nuestro país. Una batalla que ha conseguido por fin dignificar a la fotografía como una disciplina artística más. Muy especialmente desde que en el año 1991 el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía organizara la gran exposición Cuatro direcciones en la que la fotografía española del momento entraba por primera vez en el gran museo madrileño.

En estos 25 años hemos podido comprobar como en el mundo del arte y entre los creadores plásticos ya no impone su ley la pintura o la escultura. La nueva reina es la fotografía y el vídeo, que han sido tomados como principal herramienta creativa por un nuevo perfil de artista visual por lo general, con una académica formación universitaria. No hay nada más que asomarse al mundo de las subastas para certificarlo y ver como todos los años una fotografía bate un nuevo record en las principales casas de pujas. Como el reciente caso de los 4,3 millones de euros pagados por una fotografía del alemán Andreas Gursky.


Eso sí, el mercado del arte ha apostado muy fuerte por una fotografía muy definida, en la que domina el dogma del concepto o una estética plástica aséptica y fría. Una estética en gran medida heredera de la escuela alemana de la Nueva objetividad del gran Otto Stteiner, donde el proceso creativo se valora más que el tema o la valía de la propia fotografía. Claros ejemplos de esta línea creativa son el alemán Axel Hütte, los españoles Rosa y Bleda o, ya en nuestra tierra, el cordobés Tete Alvarez.


Pero hay más vida en el planeta fotografía que el bendecido por el mercado. En Andalucía, en estos años, nació el Centro Andaluz de la Fotografía ubicado en Almería, desde donde quizás por la distancia o la escasez de recursos, apenas ha podido difundir al mundo a los grandes autores andaluces de los últimos 50 años. Y aunque recientemente, desde la llegada de Pablo Juliá a la dirección del centro, algo está cambiando, sus exposiciones siguen siendo rara avis por las provincias andaluzas fuera de su sede.


Mientras, Córdoba ha disfrutado de una intensa vida fotográfica. En gran parte deudora del intenso y voluntarioso trabajo de Afoco que junto con el Ayuntamiento de la ciudad llegó a crear la primera sala estable de fotografía española en la añorada Posada del Potro, la colección de libros de fotografía Albors y, hasta hace apenas unos años, el único festival de fotografía al sur de Madrid con la Bienal de Fotografía. Muchos han sido los fotógrafos que han salido de la escuela de Afoco pero quizás los más destacados por su proyección fuera de Córdoba y la consistencia de su obra hayan sido el querido Juan Vacas, que con su obra surrealista llegó a estar en la quiniela del Premios Nacionales de Fotografía del Ministerio de Cultura, y José Carlos Nievas, que removió con sus retratos neoexpresionistas esta clásica disciplina.

Pero la fotografía en estos 25 años en Córdoba ha sido mucho más que Afoco. Es el caso de Manuel Angel Jiménez y Francisco González, quienes enseñaron a esta ciudad que se podían hacer libros de fotografía de autor llevando sólo imágenes. También han sido muy activos los distintos grupos fotográficos que bajo el paraguas del Círculo Cultural Juan XXIII han promovido una fotografía menos institucionalizada con grupos como Ácido Acético o más recientemente el activo ISO 23, que está apoyando a interesantísimos jóvenes como Andrés Cobacho o José Juan Luque. A ellos habría que sumar numerosos autores que a modo de francotiradores trabajan por libre y han encontrado un visión personal muy interesante y reconocida en distintos ámbitos, como los fotógrafos Juanjo Romero o Rafael Carmona.

En este periodo también hay que resaltar la difícil tarea realizada en pos de recuperar la memoria fotográfica de la provincia por el Archivo Municipal de Córdoba, que puso en valor la impresionante colección de fotografía antigua del Ayuntamiento con varias exposiciones, libros y colgando en la red para su consulta todos sus fondos. Una labor pionera capitaneada por el equipo de Ana Verdú y que enseguida encontró eco en el Archivo de la Diputación Provincial e incluso recientemente en el ámbito privado, con la creación del Archivo histórico fotográfico Cajasur. En otro apartado de la historia de la fotografía Córdoba ha estado estos años en primera plana con los descubrimientos de la nueva ubicación de la famosa instantánea de Robert Capa del “Miliciano abatido”, que lo localiza en el pueblo de Espejo. Un hallazgo que aún se disputan varios estudiosos, entre ellos los cordobeses Fernando Penco y Juan Obrero.

No obstante, los claroscuros han marcado estos años en los que han alternado noticias como los tres premios nacionales recibidos por Afoco del mundo del asociacionismo fotográfico, con otras más lamentables como la perdida del Centro de la Imagen. Un proyecto diseñado para albergar la fotografía, el vídeo y el cómic que se iba a ubicar en la antigua estación de ferrocarril y que nuestro Ayuntamiento abandonó, a pesar de contar con una importante ayuda de la Unión Europea para su construcción, y al que se sumó otro duro golpe con la pérdida del espacio expositivo dedicado a la fotografía en la Posada del Potro.

El mundo del fotoperiodismo ha vivido unos años dorados en el aspecto creativo, que no en el laboral, donde hombres como Gervasio Sánchez (Premio Nacional de Fotografía), Manu Fernández, Javier Barbancho o Eduardo de Francisco han llevado su trabajo a portadas de periódicos de todo el mundo gracias a la difusión de las agencias internacionales de noticias, y que han acrecentando el legado de clásicos como Ricardo y Ladis, que recibieron un justo aunque tardío homenaje en 2002 con una exposición antológica.


El futuro siempre es incierto y nadie puede saber qué le va a deparar, pero la efervescencia de la vida fotográfica cordobesa ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos digitales y es esperanzadora aún en estos tiempos de crisis económica. Propuestas tan dispares como la revista digital News, pionera en el formato de pdf y con más de 300.000 puntos de difusión en todo el mundo, que glosa desde hace más de seis años la actividad fotográfica cordobesa y andaluza, o el asentado y reconocido premio internacional Pilar Citoler son unos excelentes cimientos para esperar lo mejor de la fotografía cordobesa en los próximos 25 años.


Comentarios

  1. ES IMPLOSIBLE LEER EL TEXTO POR MUCHO QUE PINCHES....

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  2. Perdón pero en mis dispositivos se podía leer la foto.

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