jueves, 14 de junio de 2018

Primera piedra de la Bienal 2019.



Bueno, hace poco más de un año que finalizó la Bienal Internacional de Fotografía de Córdoba y el Ayuntamiento ya está haciendo sus deberes, porque ya ha sacado la convocatorio de ayudas para los autores que quieran participar en la edición del año que viene.

Como en las dos ediciones anteriores, el Ayuntamiento ofrece participar en la sección paralela con una interesante ayuda económica. La convocatoria se publicó hace unas semanas y me parece que pasó desapercibida por lo que se me ha ocurrido colgar el enlace aquí por si algún amigo está interesado en presentar su proyecto.

Así que a currar y tenéis hasta septiembre para presentar el proyecto.

jueves, 24 de mayo de 2018

Guerra Civil desclasificada


Bombardeos de Cabra por Crist Velasco, 1938. BNE.
La guerra es el mayor desastre creado por el hombre. En un conflicto armado, el ser humano es capaz de las peores acciones contra sus congéneres. Pero si, además, la guerra es civil, las personas son aún más crueles porque conocen a su enemigo. Por ello, en ninguna guerra se puede hablar de buenos y malos. Oficialmente, el enfrentamiento español finalizó hace ya 79 años, y la fotografía fue un testigo singular de su tragedia. De hecho, el fotoperiodismo moderno nació entre sus luchas y ha avivado el interés de la ciudadanía por la historia de ambos. Quién no conoce la icónica foto de Robert Capa de El miliciano abatido, o la no menos célebre instantánea de Agustín Centelles de los guardias de asalto defendiendo la República en las calles de Barcelona. Pero, aunque la fotografía se ha convertido en un documento histórico fundamental, no está exenta de polémica sobre su veracidad.

Sin embargo, las imágenes que se conservan en España sobre la guerra civil son muy escasas. Al finalizar la contienda, el régimen del general Franco incautó todo el material gráfico sobre el conflicto bélico realizado en zona republicana para utilizarlo como prueba incriminatoria en la conocida Causa General. Por ello, los mejores archivos fotográficos se encuentran fuera de nuestro país.

Córdoba, que en los primeros días de la guerra cayó del lado nacional, es un caso singular, ya que por distintas causas también se han perdido todos los archivos de los fotoperiodistas locales como Santos, Linares o Cris Velasco. Estos profesionales trabajaron desde el frente rebelde, y de sus reportajes hoy apenas se conservan unas docenas de copias en manos de algunos coleccionistas privados. Por desgracia, la provincia no cuenta con ningún fondo fotográfico público y los investigadores tienen que recurrir a la Fototeca Municipal de Sevilla para consultar el limitado fondo Serrano, un clásico del fotoperiodismo hispalense que cubrió algunas noticias en Córdoba. Por ello, ha sido una gran noticia que la Biblioteca Nacional de España haya publicado esta semana 11.000 fotografías de las más de 44.000 que custodia sobre esta guerra. De ellas, 321 están realizadas en la provincia de Córdoba en las localidades de Aguilar, Baena, Castro del Río, El Carpio, Espejo, Espiel, Fernán Núñez, Montemayor, Montoro, Palma del Río, Pedro Abad, Peñarroya, Posadas, Puente Genil, Villafranca y la propia capital, aunque aún quedan pendientes de su digitalización los reportajes de Bujalance y Hornachuelos.

Estas fotografías fueron encargadas por el bando nacional para documentar los daños causados por la aviación roja. La mayoría son fotografías meramente descriptivas para mostrar el estado de iglesias, edificios y obras de arte afectadas por los bombardeos. Pero entre ellas se encuentra uno de los reportajes más sobrecogedores de la guerra en nuestra provincia, sobre el episodio del conocido como el Guernica cordobés: un bombardeo de la aviación republicana sobre la localidad de Cabra del que justo este año se cumplen 80 años. El ataque se produjo a las 7.31 horas del 7 de noviembre de 1938 sobre el mercado de abastos la ciudad y causó más de un centenar de fallecidos y doscientos heridos. Una tragedia que captó el fotógrafo ruteño Cristóbal Velasco Cobos, conocido profesionalmente como Cris Velasco (Rute 1920-Jerez de la Frontera 1990).

Este jovencísimo reportero colaboraba desde Lucena, localidad donde ejercía la profesión en el estudio fotográfico paterno, con el diario cordobés Azul, cabecera de Falange en la ciudad. Esta cercanía geográfica permitió a Velasco ser el primer fotoperiodista en llegar a la localidad de la Subbetica y realizar un duro trabajo sobre el bombardeo. Algunas de sus instantáneas ya eran conocidas, porque las más crudas fueron publicadas por la propaganda franquista para denunciar la masacre en distintos medios. Pero el material gráfico redescubierto ahora por la Biblioteca Nacional nos confirma el excelente trabajo de Cristóbal, compuesto por medio centenar de fotografías. Estas nos muestran la enorme calidad fotográfica y humana del fotógrafo para abordar el reportaje de una forma cercana y empática con el dolor de los egabrenses. Además, estas imágenes están llenas de recursos técnicos, con unas composiciones llenas de personajes que acentúan la magnitud de la tragedia y dotan de movimiento y profundidad al laberinto de casas derruidas.

Un reportaje excepcional que, si no llega a ser usado por la propaganda nacional para atacar la masacre republicana sobre una zona civil, no hubiera visto la luz, ya que el control de la información gráfica en el bando rebelde fue muy estricto y casi siempre evitaba mostrar imágenes duras de la guerra. Sin duda, estas fotografías son uno de los trabajos fotográficos más destacados de toda la guerra civil en Córdoba, y colocan al trabajo del joven Cris Velasco a la altura de mitos del fotoperiodismo mundial como Robert Capa y Gerda Taro. Tras este reportaje, Velasco continuó colaborando en Azul con varias portadas propagandísticas de gran impacto y que denotan sus conocimientos de diseño gráfico, con claras influencias de las principales corrientes de las vanguardias europeas del momento.
Sin embargo, su trabajo no tuvo continuidad en el frente y, tras la guerra, continuó dedicado a la fotografía social en Lucena y Málaga, donde se afinca para continuar con su actividad de fotógrafo, que simultanea hasta su jubilación con actividades tan diversas como su afición al dibujo, la talla de varios tronos de cofradías malagueñas y el diseño de interiores.


Bombardeos de Cabra por Crist Velasco, 1938. BNE.


miércoles, 2 de mayo de 2018

La postal más antigua de Córdoba





El Whattsapp del siglo XX.
Antonio Jesús González.

En la era de la información, cuando en el mundo de la comunicación reina el postureo en Facebook, Whattsapp o Instagram, cuesta mucho imaginar que hubo un tiempo en que el pudor de la gente rechazara un sistema rápido y barato como la postal. Y solo porque dejaba a cualquiera ver el contenido del mensaje. Hoy, estas cartulinas han sido relegadas a una rareza como medio de comunicación y son muy pocos los viajeros que, cuando llegan a destino, compran y franquean una postal para dar noticia a familiares o amigos de su viaje. 

La historia de estas tarjetas en España se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando el gobierno de la I República las normaliza en 1873. Aunque tardarían casi 30 años en ser aceptadas por la sociedad española y convertirse en una de las modas más chic a comienzos del siglo XX. La idea era tan sencilla como revolucionaria, cambiar la carta ordinaria por una pequeña cartulina de 9X14,5 cm que no necesitaba sobre. Una cara se dedicaba para escribir un pequeño texto y el dorso se reservaba para la dirección del destinatario. Pero su despegue como sistema de comunicación no arrancará hasta el año 1897, cuando los fotógrafos suizos afincados en Madrid, Oscar Hauser y Adolfo Menet comienzan a editar su serie general de postales fotográficas de ciudades españolas. Estos retratistas metidos a impresores habían llegado a nuestro país en 1888 y dos años después introducen en España el sistema más moderno de impresión del momento: la fototipia. Un proceso que permitía por primera vez la reproducción de fotografías con una elevadísima calidad de impresión a unos costes muy reducidos. A partir de 1890, Hauser y Menet comienzan a editar por el sistema de fototipia la célebre serie de láminas La España Ilustrada. Un coleccionable de gran formato, 20X30 cm, con el que divulgan su gran catálogo de fotografías de las principales localidades del país. Su enorme éxito contó con numerosas reediciones y formatos, entre las que llegan a comercializar hasta una serie en papel fotográfico.

Córdoba aparecía en esta publicación con once imágenes de los principales monumentos de la ciudad. En ella, la Mezquita Catedral contaba con un especial protagonismo con cinco imágenes. La colección se completaba con dos vistas de la ciudad desde el río, una toma del Triunfo de San Rafael, una de la fachada del palacio de Jerónimo Páez (hoy Museo Arqueológico), otra de la portada de la Casa de Expósitos (el actual palacio de congresos de la calle Torrijos) y por último, una concurrida vista de la moderna avenida del Gran Capitán. La gran acogida de este coleccionable llevó a Oscar y Adolfo a editar en 1892 la primera tarjeta postal fotográfica editada e impresa en nuestro país. No obstante, la limitada demanda y las dificultades técnicas con la impresión demoraron varios años la edición masiva de sus postales fotográficas. 

Las mismas imágenes cordobesas de su catálogo serán las que los suizos utilicen a partir de 1897 para editar las primeras postales fotográficas de la historia de la ciudad. De hecho, la cartulina titulada Córdoba La Mezquita, y que muestra el interior del templo con una vista de su universal bosque de columnas, es una de las primeras de la serie general de los suizos con la número siete. Esta colección de postales ilustradas llegará en 1905 a contar con la importante cifra de 2.078 ejemplares diferentes, de las cuales 38 modelos reproducían imágenes cordobesas. 

Físicamente, estas primeras postales son muy fáciles de identificar, ya que en su cara la fotografía, con un acabado mate, apenas ocupa entre un tercio y la mitad del total de la cartulina. El resto del espacio, en blanco, se reserva para el reducido mensaje de texto, que según el tamaño de letra del usuario podían ser hasta menos caracteres que los originales 140 de Twitter. El dorso, como ya hemos mencionado, se reservaba solo para el nombre y el domicilio del destinatario. Una estructura que no variará hasta 1905, año en que el diseño postal cambia al aún vigente. Hoy día, este se caracteriza por tener la cara totalmente ocupada por la fotografía, mientras que el dorso se divide en dos espacios iguales: a la derecha el hueco para el sello y la dirección del receptor y el de la izquierda para la comunicación. 

Aunque tardío, el éxito de las postales ilustradas en España será arrollador. Solo la casa Hauser y Menet editaba en 1902 la friolera de 500.000 unidades al mes. Sin embargo, durante los primeros años de vida de la postal, esta será más un objeto de colección que una herramienta de comunicación. A comienzos del siglo XX, la fotografía aún era un producto de lujo. Con suerte, la mayoría de las personas tenían una fotografía a lo largo de su vida. La prensa y los libros ilustrados apenas comenzaban a dar sus primeros pasos, por lo que la postal se convirtió en una ventana al exterior. Una nueva forma de viaje que daba a conocer las maravillas del mundo sin moverse de casa a través de una pequeña cartulina de papel.

El caso de Adolfo y Oscar es muy singular, ya que los suizos reúnen en su empresa las tres figuras operativas del mundo de la postal fotográfica: impresores, editores y fotógrafos. Estas actividades raras veces coinciden y hay que delimitarlas con precisión a la hora de catalogarlas, porque son fundamentales para su correcta identificación y datación. Sin embargo, son pocas las cartulinas que aparecen firmadas con todos los datos de sus creadores y no existe información sobre sus fechas de edición. Para ordenarlas cronológicamente hemos tenido que recurrir a los matasellos de las postales que hemos encontrado circuladas. Un dato que nos orienta tan solo de forma aproximada, ya que en estos primeros años de vida fueron muy pocas las cartulinas circuladas. 

La competencia de otras compañías no tardó en aparecer, pero su calidad de impresión convirtió a Hauser y Menet en la fototipia más importante del país hasta los años 20. Una década que marcará el inicio del declive de la fototipia con la aparición de las postales realizadas directamente sobre papel fotográfico, también conocidas entre los coleccionistas como postales de brillo. Entre los primeros postalistas con imágenes de Córdoba se encuentra la fototipia Laurent/Lacoste. La empresa madrileña comercializó, desde al menos 1899, el archivo fotográfico decimonónico del famoso retratista francés Jean Laurent. De entre su producción cordobesa destaca una preciosa serie de 15 cartulinas de tipos cordobeses con fotografías realizadas hacia 1870. 

Otros pioneros son Hans Wilhelm, quien edita las primeras postales en color cordobesas circuladas desde 1899. Es una serie corta con al menos cinco ejemplares y una calidad de impresión mediocre que reproduce imágenes del catálogo de la casa Laurent. Del ciclista y aventurero italiano Luigi Masetti, que recorrió Europa con su bici, conocemos una postal de la Mezquita circulada en 1899. La librería madrileña Romo y Füssel también edita una bonita serie de no menos de doce postales de la ciudad que imprimirán los talleres de Hauser y Menet y circuladas a partir del año 1900. 

Entre los principales editores europeos que recogieron imágenes cordobesas en sus colecciones antes de 1905 destaca la célebre casa alemana Purger & Co. La empresa de Múnich comercializó una amplia serie de casi 50 cartulinas coloreadas con la técnica de impresión de la cromolitografía. Las imágenes se dividen entre las indispensables vistas de la Mezquita Catedral y una original colección de tipos populares. Esta serie dedica especial atención a bellas cordobesas de la época que enmarca en varios patios de la ciudad. También es alemana la potente editora Stengel & Co. de Dresde, que lanza al mercado otra extensa serie cordobesa. Sin embargo, su gran calidad de impresión queda mermada por su muy escaso interés iconográfico, al limitarse a reproducir los típicos rincones de la ciudad. Mucho más atractivas son las vistas de la casa suiza Photoglobe Zúrich, ya que su fotógrafo busca encuadres urbanos que llena de vida con la presencia de transeúntes. Además, PZ imprimía las mismas fotografías tanto en postales en blanco y negro como en color, aunque para cada serie utilizaba diferente numeración. Hay que resaltar que, las fotografías originales de estas primeras postales en color siempre eran en blanco y negro. Los impresores recreaban un colorido aproximado mediante el uso de hasta 10 planchas de impresión diferentes con el proceso del fotocromo.

En cuanto a editores locales tempranos, no sé conocía a ninguno en la ciudad anterior a 1905. Sin embargo, nuestras recientes investigaciones nos han permitido desvelar que detrás de una difundida serie postal que aparecía bajo la enigmática firma de A.M.S.  se encuentra el editor cordobés Antonio Morales, propietario de la conocida imprenta La Verdad que se ubicaba en la céntrica calle Gondomar. Antonio presentó su colección de postales en la I Exposición Provincial de Industria y Agrícola de 1903. La serie está realizada por el sistema de fotograbado, un proceso de menor calidad de imagen que la fototipia, ya que muestra un importante ruido en imagen por la trama de impresión que utiliza. La edición está conformada por al menos 32 imágenes. Vistas que en su inmensa mayoría están realizadas por el fotógrafo granadino residente en Córdoba Tomás Molina.

Algo posteriores a 1905 son las cartulinas del famoso retratista Rafael Señán, afincado en Córdoba junto a la Puente del Puente desde 1910. Sus postales, también impresas por la casa Hauser y Menet, son junto a las de su paisano el también granadino Rafael Garzón, las series postales más extensas jamás comercializadas de la ciudad. No obstante, y aunque el grueso de sus fotografías están realizadas en los últimos años del siglo XIX, sus series irán aumentando con nuevas incorporaciones iconográficas y reediciones hasta la década de 1930.

En cuanto a temáticas, el postalismo cordobés se encuentra bajo el aplastante peso iconográfico de la Mezquita Catedral, que protagoniza casi el 50 % de las cartulinas editadas sobre la ciudad. Son las denominadas por los especialistas como postales de piedra, en las que la monumentalidad de Córdoba monopoliza las series, tanto de las editadas por compañías foráneas como por las locales. Una imagen de la ciudad que reincide una y otra vez en los mismos encuadres de los principales monumentos. Quizás, las colecciones más interesantes de todo el postalismo cordobés son las autoeditadas por entidades locales entre la década de 1910 y 1920 para mostrar sus instalaciones o actividades. Son series monográficas de una decena de ejemplares como las dedicadas al Palacio de Viana, el Círculo de la Amistad, el Colegio de Santa Victoria, el Obispado, el cuartel de Artillería o la preciosa colección sobre los ermitaños de la sierra editada por el célebre óptico cordobés Agustín Fragero.

La postal hoy ha vuelto para convertirse en un romántico objeto de colección que muestra la añoranza por una ciudad que ya desapareció. Son muchos los cordobeses que las buscan en mercadillos, anticuarios o en páginas especializadas de internet, donde se pueden encontrar catálogos con más de 20.000 ejemplares a precios que pueden oscilar según su rareza entre unos céntimos o los casi 200 €.


lunes, 26 de febrero de 2018

Graciela Iturbide.

Nuestra Señora de las Iguanas.

Si algo tengo claro es que cada día que pasa sé menos de esto de la fotografía. Ayer terminé un espectacular libro titulado Historia de las cámaras fotográficas. Una pieza indispensable en la biblioteca de cualquier fotógrafo y del que aprendí un montón sobre modelos y técnicas de todos los tiempos. Pero, cuando llegué al capítulo dedicado a los modelos Hasellblad, enumeraban algunos de los galardonados con este prestigioso premio y me sorprendió un nombre que no reconocía entre tantos maestros: Graciela Iturbide.

Inmediatamente me metí en un buscador y apareció la increíble obra de una fotógrafa mexicana que desconocía por completo. Por desgracia hasta hace poco, la historia de la fotografía ha cometido importantes olvidos al enumerar la obra de los autores más destacados. Un error muy común al ignorar el trabajo de los fotógrafos de países no europeos o norteamericanos, así como a las compañeras fotógrafas.

La obra de Iturbide está llena de influencias de las mejores corrientes fotográficas del siglo XX y que Gabriela utiliza para construir un lenguaje propio entre el realismo mágico y el surrealismo. Sin duda, una obra de gran calidad que merece la pena conocer y reconocer.


jueves, 15 de febrero de 2018

Taro y Capa.



Es increíble que yo, el tipo más anti San Valentín que exista, me acordara ayer, en la onomástica del dato patrón de los enamorados, de una de las historias de amor más reales del siglo XX. Una relación llena de luces y sombras, pero nada de esas de Grey, sino la más fotográfica de todas, la de Gerda Taro y Robert Capa. Mucho se ha escrito sobre esta pareja, aunque para mi nada cuenta tanto de su relación como la foto que Robert le hizo a Gerda dormida durante su estancia en España. Me parece de una ternura conmovedora.

Traigo todo esto a colación, porque de ellos juntos tan solo conocemos la célebre foto que Fred Stein les realizó en la terraza de un café parisino en 1935, mientras, sonrientes, tomaban unas bebidas. Por ello, me sorprendió mucho la foto que encabeza esta entrada. Una imagen que encontré accidentalmente hace unas semanas. La fotografía aparece en la portada del diario El Mono Azul del día 29-7-1937 y anunciaba el fallecimiento de Gerda. La calidad de la imagen es escasa, como solía ser habitual en la prensa de la época y no aparece firmada. 

En ella podemos ver a Taro con una cámara colgada de su hombro derecho, quizás una Leica, mientras Capa aparece trabajando y con la cara cubierta por una cámara de cine, quizás la Enyo. Un dato que nos induce a pensar que la instantánea está realizada en 1937, año en el que Capa realizó trabajos de cine para el documental The march of the time para la norteamericana Time Inc. Precisamente, este fue el año de su segunda visita a tierras cordobesas, donde precisamente Robert solo filmó y Gerda era la que fotografiaba. Ambos aparecen con ropa elegante y con una estética alejada de esa imagen de reporteros en el frente vestidos con el mono de milicianos, por lo que la instantánea podría estar realizada durante alguna estancia en una gran ciudad española. Sin duda, al menos para mí, se trata de una imagen más fría y profesional que la desenfada toma de Stein. En esta, el compañero que los retrató los captó distantes y en plena faena, pero muy cercanos

En definitiva, un pequeño descubrimiento que nos ilustra el trabajo de esta famosa pareja de fotoperiodistas.






jueves, 8 de febrero de 2018

Luz del norte.



Una de las obras de Erika Nyholm.
Un año más, la exposición del premio Pilar Citoler ha abierto sus puertas en la sala Vimcorsa. Tras trece años y nueve ediciones, este certamen se ha convertido en uno de los más destacados premios fotográficos de nuestro país e incluso, está comenzando a ser apreciado fuera. Su prestigio es tal, que desde hace varias ediciones reconocidos fotógrafos del panorama nacional participan en él. Algo que sin embargo no está apartando al concurso de sus claros objetivos: autores jóvenes con una formación académica en bellas artes y una obra contemporánea innovadora.

José Guerrero con la obra ganadora.
En esta IX edición, el galardón ha recaído en el granadino José Guerrero y su obra Carrara #1. Este se ha embolsado una interesante cantidad de dinero, pero quizás mucho más importante sea la exposición individual en la próxima convocatoria y la publicación de un libro monográfico con la todopoderosa editorial La Fábrica. La obra de Guerrero se podría encuadrar en ese documentalismo urbano contemporáneo tan en boga, aunque con un mirada altamente crítica con el urbanismo y las ciudades de nuestro tiempo.  


Por otro lado, la sala Vimcorsa además de mostrar la obra ganadora y las seleccionadas de esta edición, también acoge la muestra individual de la anterior ganadora, la finlandesa Erica NyholmSu trabajo se centra en el autorretrato y el retrato de su entorno de amigos y familiares. Una obra muy atractiva y que sin duda cumple con el estereotipo, al menos el que yo tengo, de la especial luz del norte. Una cita más que recomendable, especialmente en esta, hasta ahora, pobre temporada fotográfica 2017-2018 en Córdoba.