martes, 31 de enero de 2023

Luis Masson en Córdoba: 1859.


Una de las dificilísimas vistas del interior de la Mezquita de Masson, las que se aprecian las arquerías blanqueadas
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Curiosa toma del Puente Romano y el río realizada por Luis.



Sorprendente encuadre de la avenida del Gran Capitán captada por Masson.

Acabo de darme cuenta que nunca le había dedicado una entrada en el blog a Luis Leon Masson (Tours 1825-¿?), uno de de los fotógrafos monumentales y de vistas más interesantes de todo el siglo XIX español. Este profesional francés, del que realicé un amplio estudio en mi libro El Laberinto de Columnas, realizó una temprana y numerosa producción de casi medio centenar de fotografías en la ciudad que hemos datado entre 1858 y 1865. La calidad de su trabajo es similar a la de los dos grandes nombres de la fotohistoria española de este periodo: Clifford y Laurent. Sin embargo, Luis aún es un gran desconocido y ha pasado casi desapercibido en los manuales de la historia de la fotografía en España.

Luis realizó su colección de vistas y monumentos españoles de forma simultánea tanto en formato sencillo como estereoscópico. El reportaje en 3D de Luis está considerado como uno de los primeros trabajos estereoscópicos realizado por un autor local en España. De su paso por la ciudad no ha quedado ninguna noticia del fotógrafo francés en la prensa cordobesa de la época, que sí solía informar en sus páginas de la llegada y estancia de otros muchos colegas. Eso sí, sabemos que Masson muy probablemente se alojó durante su estancia en la ciudad en la célebre Fonda Rizzi, habitual hospedaje de visitantes a mediados del siglo XIX en la céntrica calle Ambrosio de Morales. Y ello, gracias a la vista estereoscópica que obtuvo del barrio de la Axerquía desde su terraza. Por las fotografías que le conocemos tan solo podemos aventurar una visita anterior a 1865, al aparecer todas las vistas del interior de la Mezquita con las arquerías aún blanqueadas.  

Nuestro colega, el investigador granadino Carlos Sánchez Gómez, si ha podido datar con mucha precisión las fotos de Luis en la Alhambra gracias al estado de conservación del monumento nazarí en sus imágenes y que lo fija en torno a dos viajes en 1859 y 1861. Una horquilla temporal que, gracias al hallazgo que hemos realizado de una nueva fotografía cordobesa de Luis en la colección fotográfica de la Universidad de Navarra, podemos aplicar también a su reportaje de la ciudad. 






Vista estereoscópica de Córdoba y detalle, Luis Masson cerca 1859/1862.


Se trata de una fotografía estereoscópica, que muestra una clásica vista de la ciudad a orillas del Guadalquivir junto a la Torre de la Calahorra. Esta estereoscópica no aparece firmada, pero es idéntica en su formato, cartulina y textos identificativos de otras de sus fotografías cordobesas, por lo que le es fácilmente atribuible. Pero lo más importante es que el fotógrafo elige un encuadre en el que se aprecia a la perfección el estado del molino de San Antonio, cuando aún está sin reformar su embarcadero. Su estado coincide a la perfección tanto con la fotografía realizada por los profesionales de la casa Ferrier en 1857 como con la toma de Charles Clifford realizada en 1859. Una vista que el galés repite casi miméticamente en 1862 durante la visita de Isabel II a la ciudad y en la que ya se aprecia como el molino ha sufrido una profunda rehabilitación en su estructura de acceso. Gracias a estas dos fotografías y a la fecha de la llegada a Andalucia de Masson, en el verano de 1858, nos encontramos en disposición de cercar aún más la fecha de la realización del reportaje cordobés de Luis a la horquilla entre los años 1859 y 1862.



Vista de la ciudad de la casa Ferrier de París de 1857.






Vista sur de Córdoba, Charles Clifford 1859.




Vista sur de Córdoba, Charles Clifford 1862.


Un dato que confirma a Masson entre los cinco pioneros que captaron fotografías de la ciudad en la década de 1850 y su trabajo, de una gran variedad urbana y monumental y una enorme calidad técnica, como uno de los mejores de toda la fotografía cordobesa del siglo XIX.





Para saber más:

-Fernández Rivero, Juan Antonio y García Ballesteros, Teresa. Descubriendo a Luis Masson: fotógrafo en la España del Siglo XIX. Málaga: 2017.

-González, Antonio Jesús. El laberinto de columnas. Fotografías y fotógrafos en la Mezquita Catedral de Córdoba. Córdoba: Cabildo Catedral de Córdoba, 2018.






miércoles, 28 de diciembre de 2022

Córdoba 2022



Una vez más hemos vuelto a darle otra vuelta completa al Sol y para no faltar a la tradición he realizado mi selección de las fotografías más interesantes de este 2022. Este año he abandonado el formato pdf por el vídeo que quizás se más cómodo. Espero que os guste y ojalá que todos nos encontremos dentro de otra vueltecita a nuestra estrella. Feliz 2023.


miércoles, 7 de diciembre de 2022

Córdoba, una ciudad de postal


Hace unas semanas, finalizó la última muestra en la que he participado: Córdoba, Una ciudad de postal. Y me acabo de dar cuenta que no publiqué nada en el blog. Ha sido una exposición organizada por el Archivo Municipal y en la que hemos contado con el gran trabajo de Paco Casado en el diseño, el de Fotograbados Casares en la impresión de las lonas y el de Imprenta Luque en la tirada del catálogo. Creo que quedó muy chula y eso a pesar de las continuas agresiones que hemos sufrido y que nos han obligado a numerosas reparaciones, pero la respuesta del público ha sido maravillosa. Si no pudisteis verla por aquí dejo un par de vídeos y sobre todo el enlace al catálogo en formato PDF en el que se reproducen casi 200 postales y en el que se incluye un estudio sobre ellas. Espero que os guste.




lunes, 28 de noviembre de 2022

Córdoba en sus plazas 1962-1986



Calle Amparo, a la izquierda en 1962 y a la derecha en 1986.

Unas décadas son solo un suspiro de tiempo en la historia de una ciudad milenaria como Córdoba. Pero también es cierto que la capital de los omeyas, en poco más de medio siglo, ha sufrido una auténtica transformación urbanística. Sus calles, hasta las del casco histórico, ya no son las mismas. La fotografía siempre ha sido esa fiel memoria gráfica de la ciudad. Pero, a veces, los investigadores nos hemos obsesionado tanto en encontrar las fotografías más antiguas que minusvaloramos reportajes posteriores a la Guerra Civil por ser demasiado modernos.


Portadas de la primera edición de 1962 y de la segunda de 1986.

Por eso hoy quiero poner en valor uno de los trabajos fotográficos urbanos cordobeses más representativos de la posguerra. Se trata del reportaje que José Jiménez Poyato realizó a finales de la década de 1950 de la ciudad. Aunque estas fotografías no sepublicaron hasta el año 1962 en el libro Córdoba en sus plazas de Ricardo Molina, miembro del grupo poético Cántico y gran amigo del fotógrafo. El texto realiza, a modo de catálogo, una breve descripción física e histórica de las principales plazas de la ciudad. Un inventario que se complementa con un nutrido grupo de instantáneas realizadas, salvo la portada, en blanco y negro. 

Las imágenes de Jiménez ocupan el 50% de sus páginas y aparecen con la firma de su negocio: Studio. En ellas el fotógrafo capta con un gran naturalismo el estado de las plazas más representativas de la ciudad. Sus fotografías no son vistas perfectas y cuidadísimas, como las postales de la época, son instantáneas reales, en las que Pepe no evita captar viandantes o a los primeros coches que comienzan a aparcar en las plazas. En las calles hay paredes llenas de desconchones o edificios históricos degradados. Además, la mayoría de las tomas están rociadas con una durísima luz del verano cordobés, que marca angulosamente las plazas con negras sombras y reverberantes paredes blancas. Una estética con la que Pepe construye a la perfección, al menos para mí, lo que debía ser la Córdoba del franquismo. 

El libro fue editado por el Ayuntamiento de Córdoba a modo de guía turística de la ciudad y es un clásico del género local de viajes. De hecho, el texto fue reeditado en dos ocasiones por el Consistorio. La primera en 1986, momento en que tuve la suerte de participar replicando las fotos de Pepe en un verano casi igual de tórrido que este de 2022. Un encargo del jefe de Área de Cultura, Paco López, que realicé cuando contaba 18 años. Este trabajo me hizo mucha ilusión, ya que era el primer libro en que aparecían fotos mías. En principio esta reedición iba a mostar el antes y el después de la ciudad a través de sus plazas, pero finalmente se suprimieron las fotos de Jiménez y en las mías al diseñador se le olvidó poner mi firma. Hoy, solo han pasado 30 años de aquel verano, apenas un suspiro, pero creo que mis fotografías muestran con nitidez cuanto hemos cambiado todos y creo que para mejor.
  
Por último, en 1995, el Ayuntamiento volvió a reeditarlo. En esta ocasión el tomo incluía una segunda obra de Ricardo Molina, Córdoba gongorina. No obstante, el tratamiento gráfico fue muy pobre, no solo porque apenas incluyeron una docena de imágenes, realizadas por Álvaro Holgado y Afoco, sino porque su tamaño era minúsculo. Hoy todas estas agotadas y solo es posible encontrar algún ejemplar de segunda mano.









 

martes, 25 de octubre de 2022

Los Cristales de Pozoblanco

 

En Córdoba, tenemos una gran suerte por la sensacional labor de recuperación de la fotografía histórica de nuestra ciudad que lleva realizando desde hace 30 años el Archivo Municipal. Una tarea mucho más complicada en los pueblos de nuestra provincia por diferentes circunstancias, pero que en los últimos años se ha estado mejorando con diferentes proyectos de recuperación. Prueba de ello es la excelente exposición Pozoblanco de cristal que, hasta el próximo 1 de noviembre, se puede visitar en la sala La Besana de localidad de Los Pedroches. Esta muestra recoge algo más de medio centenar de fotografías estereoscópicas en formato Richard. Un legado que el Ayuntamiento de Pozoblanco adquirió recientemente gracias a la colaboración de Juan Manuel Fernández y Rafael Sánchez.

Son un conjunto de fotografías excepcionales realizadas, en su mayoría en el año 1905, por un fotógrafo aficionado desconocido. Su importancia no radica en la calidad técnica de las imágenes, tomadas con una modesta cámara tipo veráscopo de negativos de pequeño formato de 4x4cm, ni en la calidad visual de las mismas, sino en la curiosidad del fotógrafo. Este dirige su cámara hacia motivos y temas que, por desgracia, los fotógrafos de la época no solían hacer: la vida cotidiana de los pueblos. Ahí radica el gran interés de este reportaje que capta los pequeños hitos del día a día del pueblo, retratando sus fiestas populares, un partido de fútbol, la salida de misa, escenas sociales o incluso la llegada del ferrocarril. Un documento histórico de incalculable valor para la localidad conservado en estas pequeñas placas de cristal y que el Ayuntamiento ha sabido valorar y adquirir. 

La exposición, comisariada por el historiador José Luis González Peralbo, el periodista Félix Ruiz Cardador y el fotógrafo Rafael Sánchez Ruiz, muestra en la coqueta sala de La Besana de forma didáctica el principio 3D. Además, recrean varios visores, cuentan con numerosos textos explicativos y una nutrida selección de piezas estereoscópicas de época de la impresionante colección de Juanma Fernández. Un auténtico lujo para Pozoblanco y que, ojalá, sea un ejemplo para otras localidades de la provincia.


José García Córdoba, el fotógrafo de la visita de Isabel II a Córdoba en 1862


Puerta de los Gallegos, 1868. JGC. BMC.



Uno de los trabajos fotográficos más importantes de la Córdoba del siglo XIX es el que realizo el retratista José García Córdoba (Écija 1832-Córdoba 1878) en 1862 con motivo de la visita de la reina Isabel II a la ciudad. Estas conocidísimas fotografías, que en 2022 cumplen 160 años, se conservan en el Archivo y la Biblioteca Municipal de Córdoba. Las de esta última insertadas en el libro La Corte en Córdoba: reseña histórica de la recepción y estancia de SS.MM. y AA. en la provincia de Córdoba en 1862. Una obra del cronista de la ciudad Luis Maraver y Alfaro que narró los preparativos y la estancia de la familia real en ciudad. Se trata de un bellísimo manuscrito copiado por el propio cronista y del que, además del conservado en la biblioteca cordobesa, se le regaló a la reina otro ejemplar y que hoy se conserva en las colecciones de Patrimonio Nacional. Un título del que, además, se edito una versión impresa, pero esta ya sin imágenes.






No obstante, ninguna de las fotografías se encuentra firmada por su autor y la única referencia de la misma son los registros conservados por el Archivo Municipal, que se los adjudica a José García Córdoba. Una autoría que no reconoce Patrimonio Nacional en el registro de su ejemplar, porque además en ninguno de los tomos existe ninguna referencia al autor de las imágenes. De hecho, Maraver y Alfaro solo realiza una alusión fotográfica en su relato y esta no cita a ninguno de los dos fotógrafos que cubrieron la estancia de Isabel II en la capital cordobesa: Charles Clifford (fotógrafo de la casa real) y García Córdoba.


“Como no había un incidente que no estuviese previsto por el Sr. Marqués, aprovechó este momento para suplicar a S. M. le permitiese eternizar tan honrosa visita por medio de la fotografía, y obtenida la real venia, quedaron cumplidos un momento después los galantes deseos del dueño de la Casa, por medio de una máquina fotográfica colocada al efecto y con antelación en sitio conveniente.”


Hoy día, esta instantánea no es totalmente desconocida, tanto entre los reportajes de García como en el de Clifford. 


Para quien no conozca las fotos de José, se trata de un reportaje documental que en 24 tomas retrata diferentes vistas de la ciudad, incluyendo las imágenes de la puerta efímera construida en Puerta Nueva para la entrada de la comitiva real y de la feria celebrada en honor de la reina en los llanos de la Vitoria. 



Campo de la Merced y torre de la Malmuerta, 1868. JGC. BMC.


Se trata de un grupo de fotografías urbanas bastante tempranas y son las más antiguas que han llegado a nuestros días realizado por un autor local. Las copias, de buen tamaño 17X11,5 cm, están realizadas sobre papel a la albúmina y son de muy buena calidad fotográfica. El trabajo muestra la pericia técnica de García Córdoba, capturando en muchas de sus vistas a diversos personajes y tipos de la ciudad por sus calles. Esto en un momento en que la sensibilidad de los negativos y la luminosidad de las cámaras era muy precaria para conseguir detener el movimiento de una persona, no ya andando por la calle, sino simplemente parada. No obstante, llama la atención que en muchas fotografías existe un problema generalizado de nitidez. Una falta, siempre en la zona central de las imágenes, que quizás sea achacable a la falta de presión en las prensas de copiado. Mientras, casi 160 años después, el estado de conservación de todas las copias es óptimo, pese a encontrarse en un entorno hostil como el del cartón de sus soportes, en el caso de las copias del Archivo Municipal, y las páginas de papel del libro, ambos de una agresiva acidez con los materiales fotosensibles. 


Iconográficamente se trata de un conjunto excepcional, ya que las imágenes muestran espacios urbanos de los que no nos han llegado más imágenes que las de José. Es el caso de la vista de la Puerta de los Gallegos, los llanos de la Merced, los jardines del Alcázar, o las vistas del trazado ferroviario de la ciudad. Sin embargo, es reseñable como José no incluye ninguna fotografía de la Puerta del Puente o del interior de la Mezquita. Algo muy complejo por la oscuridad del interior del templo y que requería de tomas de hasta media hora de exposición con negativos al colodión húmedo. Esta carencia es reparada por el retratista que incluye una fotografía de un grabado del Mihrab de F. Arzau.    


En mis investigaciones, siempre he dado credibilidad a los datos de autoría del archivo cordobés y me ha sorprendido no haber encontrado ninguna copia más del reportaje, especialmente en algún formato comercial. Estamos ante un gran hito histórico de la ciudad y es muy raro que García Córdoba no realizara alguna edición comercial del reportaje para su venta. Además, de las numerosas fotografías que han llegado a nuestros días del fotógrafo ecijano, la inmensa mayoría son retratos. Una disciplina de la que fue un consumado maestro que lo convirtió en el retratista de la élites de la ciudad. Aunque también fue un muy popular entre las clases modestas gracias a retratos de personajes tan icónicos de la Córdoba de su tiempo como el del célebre bandido Pacheco, que posó muy altivo para su cámara armado con su pistola al cinto.


Esta duda razonable sobre la autoría del reportaje por fin la he podido despejar, tras encontrar dos noticias en la prensa cordobesa de la época relacionadas con sus fotografías y que, de forma sarcástica, critica el penoso estado de diferentes zonas de la ciudad. 


El 11 de octubre de 1862 Diario de Córdoba


“Un fotógrafo se ha encargado de sacar veinte y cuatro vistas de los paisajes y monumentos más notables de esta población. Suponemos no se habrán echado en el olvido las renombradas casitas de la calle Concepción. ¿Se puede dar cosa más notable?”


Cinco días después en el mismo diario y en la misma sección nos desvela a su autor:


“Entre las vista notables de Córdoba, de que ayer hablábamos, ha olvidado el señor García ciertos monumentos, cuya celebridad se extiende ya de polo á polo…“


La noticia alude claramente al señor García. Un fotógrafo que no puede ser otro que José García Córdoba, único profesional local en ese momento en la ciudad con este apellido. De hecho, José se había instalado en Córdoba en abril de 1860 (1), abriendo gabinete de pintura y fotografía en la calle del Silencio esquina a plaza de las Doblas, hoy calle del conde de Torres Cabrera. Un local donde ya ofertaba los célebres retratos de formato tarjeta de visita al nada desdeñable precio de 50 reales la docena y de los que fue uno de sus introductores en la ciudad. Durante sus primeros meses de estancia en la ciudad, el retratista simultáneo la galería cordobesa con la de su localidad natal (2), donde había trabajado con la técnica del daguerrotipo (3). No obstante, en nuestra ciudad, además de la técnica de Daguerre y Disderi, trabajo todo tipo de copias sobre papel, cristal (ambrotipos), marfil, estereoscópicas y, por su puesto, los retratos al óleo, como pintor que era. Una disciplina que compaginó con la fotografía, así como con la labor docente en Escuela de Bellas Artes de la ciudad, donde ejerció como profesor de una de las cuatro secciones de dibujo de figura y de la cátedra de adorno.


Durante casi dos décadas, García Córdoba fue el fotógrafo de referencia en la ciudad. Tras su fallecimiento, en 1878, su estudio pasa a manos de su ayudante Miguel Bravo (Córdoba 1853-Córdoba ¿1905?). Este, durante décadas, mantuvo en su galería la frase publicitaria: Miguel Bravo, sucesor de García Córdoba. Esta referencia será una constante en su obra hasta finales de siglo, síntoma inequívoco del tremendo prestigio del que disfrutó José durante su extensa carrera y que, aún hoy día, es reconocido tanto por los especialistas como por el público. 


 (1)1860.04.10 La Alborada.

 (2)1860.09.30 La Alborada. El rotativo cordobés da noticia del viaje a Écija del fotógrafo y del éxito de su galería entre sus paisanos. 

 (3)1860.05.22 La alborada. García Córdoba vende un cámara al daguerrotipo. 


martes, 6 de septiembre de 2022

Madama Lorichon o Joaquina Mayol: Primera fotógrafa andaluza


En la actualidad, en el mundo de la fotografía cada día hay más compañeras fotógrafas. Aunque en algunas disciplinas, como el fotoperiodismo, su presencia aún es escasa. Sin embargo, desde el mismo nacimiento de la fotografía hubo fotógrafas en nuestro país. Y eso en un tiempo en el que el papel reservado a la mujer solo era el de madre, esposa o hija. A pesar de ello, la fotografía fue un espacio profesional sin igual para la mujer del siglo XIX. Bien es cierto que la mayoría de estas pioneras eran profesionales foráneas, como el caso de la suiza Madama Fritz que, en el año 1844, ya realizaba retratos al daguerrotipo por media España. No obstante, solo unos años después, ya podemos encontrar por casi todo el país a las primeras fotógrafas locales. 



En Andalucía, desde hace unas décadas el honor de ser la primera retratista andaluza recaía en la almeriense afincada en Jaén: Amalia López Cabrera (Almería 1838-¿?). Sin embargo, como tantos otros descubrimientos en el mundo de la fotografía, esta distinción ha quedado obsoleta tras distintos estudios que, ahora, honran a la fotógrafa malagueña Madama de Lorichon o Viuda de Lorichon. Este es uno de los apellidos más ilustres de la historia de la fotografía en España. Pero tras el apellido Lorichon encontramos hasta a tres fotógrafos. El iniciador de la saga es el francés Enrique Lorichon y Jompy (Belabre 1800-Santander 1862), impenitente viajero que se instala por primera vez en España en la ciudad de Barcelona, en 1833, como miniaturista y litógrafo y, a partir de 1848, como daguerrotipista. Enrique viajará ofreciendo sus placas por casi toda la geografía española. En 1854, se traslada a Málaga, donde crea su propia galería de retrato, que posteriormente queda al cargo de su hijo Eugenio Lorichon Morelle (Bruselas 1827-Málaga 1859).





La maestría fotográfica de Enrique en la realización de todo tipo de retratos la transmite a su hijo Eugenio y este, a su vez, a su esposa: la malagueña Joaquina Mayol Bazo (Málaga 1830-1915) o, según las grafías, Joaquina Mayor Baro (1), con la que contrae nupcias el 23 de septiembre de 1855 (2) y que es la mujer tras la firma de Viuda o Madama de Lorichon. El matrimonio de Joaquina fue breve, ya que Eugenio fallece cuatro años después: el 14 de septiembre de 1859, aquejado de tisis. Durante este lapso no se conocen referencias de que Joaquina colaborara con su esposo y solo es apenas un año después de la muerte de Eugenio cuando, por un anuncio en la prensa malagueña, conocemos que Baro se hace cargo del estudio familiar. En esta nota publicitaria del 5 de agosto de 1860 en El Avisador Malagueño, la fotógrafa promociona su galería como “Retratos fotográficos por Joaquina Mayor de Lorichon”. Este anuncio es muy explícito y lo tomamos como clara referencia de su actividad fotográfica con su nombre.


“Retratos fotográficos por Joaquina Mayor de Lorichon.

Se hacen con la perfección de siempre y a precios arregladísimos, sobre papel, marfil, hule, cristal y estereóscopo. Calle Calderería, num. 5, cerca del correo, a todas horas y en todo tiempo”.


Una noticia que desbanca a la almeriense Amalia López como pionera nacida en Andalucía. De esta retratista se habían marcado sus inicios fotográficos a partir del año 1860, pero sin ningún tipo de dato contrastable y basándose en referencias totalmente subjetivas. De hecho, la primera noticia hemerográfica conocida del estudio de Amalia está fechada muy posteriormente, en el año 1866, y en esta, ni siquiera aparece su nombre, tan solo la dirección de su estudio. Por el contrario, la primera información de Joaquina, como hemos podido comprobar, si se remonta a 1860. Pero, además, el texto del anuncio de Mayol afirma que los retratos se hacen con la perfección de siempre, es decir que Joaquina domina la compleja técnica fotográfica decimonónica. Esta requería de muchos meses para dominar los distintos procesos y emulsiones que enumera la Lorichon en la prensa. Por lo que, como mínimo, Joaquina tuvo que aprender la profesión tras el fallecimiento de su marido en 1859, teniendo como profesor a su suegro o incluso anteriormente a su marido, porque los estudios decimonónicos eran pequeñas empresas familiares, en las que esposas, hijos e hijas participaba en las diferentes tareas de la galería fotográfica. Unos datos que nos permiten concluir con rotundidad que, a fecha de hoy, Joaquina Mayol Bazo, Viuda o Madama de Lorichon, posee el honor de ser la primera fotógrafa andaluza de la historia.




En la actualidad, son más de una decena las muestras del trabajo de Baro que hemos podido estudiar. Todas ellas son retratos de estudio en el popular tamaño de tarjeta de visita. Un formato que, a partir de negativos al colodión húmedo, usaba el finísimo papel a la albúmina y que se pegaba sobre un cartón ligeramente mayor a la copia para darle solidez. Los fotógrafos imprimían en ellos su firma y otros datos de su galería, tanto en la cara del cartón como en el dorso. En los de Joaquina, junto a su domicilio de la malagueña calle Calderería 5, aparecen, según las piezas, dos firmas diferentes: Viuda de Lorichon o Madama de Lorichon. Otra prueba de la autonomía profesional de Bazo sobre su suegro, quien tras unos meses en los que ayudaría con el negocio a su nuera, vuelve a abandonar la capital malagueña para instalarse en Murcia en 1860. Pero Joaquina no renuncia profesionalmente al apellido de su marido, como era muy habitual en el siglo XIX, ya que era una marca reconocida y garantía de calidad en el ámbito fotográfico.


Los retratos de Mayol son de una buena factura técnica y destaca el elevado número de fotografías realizadas con un encuadre de busto. Una toma de primer plano del modelo que es poco habitual en los primeros años de vida de este formato, ya que requería de una gran destreza técnica para evitar el movimiento del personaje y conseguir una óptima definición del rostro. No obstante, sus composiciones de cuerpo entero también denotan un gran dominio de la pose y la iluminación con las que consigue retratos de gran elegancia y factura técnica.


Sin duda, un papel profesional muy destacado para una mujer en la España de 1860, que además  ya no es una fotógrafa de origen extranjero, sino de una andaluza. Así, la malagueña logra una importante visibilidad social desde su estudio fotográfico. Un protagonismo que se hace aún más patente en la capital de la Costa del Sol, en el año 1862, cuando la fotógrafa participa con sus trabajos en la Exposición Provincial de Industria y Bellas Artes organizada por la Asociación de Amigos del País de Málaga. Esta muestra fue inaugurada por la reina Isabel II y la Familia Real al completo con motivo del viaje regio a Andalucía de ese año. En ella, Madama de Lorichon cosechó un importante éxito, al conseguir con sus fotografías una medalla de bronce en el apartado de Bellas Artes, sección donde competía con todas las disciplinas plásticas y que nos reafirman en la valía artística de Bazo.







Por los datos que conocemos, la carrera fotográfica de Joaquina se prolonga entre 1860 y 1865, última referencia que, por el momento, se ha encontrado de la retratista malagueña con su inclusión como profesional en la Guía de Málaga de ese año. Una fecha en la que Joaquina traspasa su estudio de la calle Calderería al fotógrafo francés Edmundo Mulchor, quien al año siguiente lo traspasa a su vez al retratista malagueño Joaquín Sánchez. Tras abandonar su galería en la capital malagueña, perdemos la pista de Bazo, que reaparece fugazmente en la localidad almeriense de Cuevas de Almanzora, probablemente unos meses después de abandonar Málaga. En esta localidad trabaja como retratista ambulante el formato tarjeta de visita, atraída, con mucha probabilidad, por la riqueza minera de esta comarca del levante andaluz o quizás, simplemente, de paso hacia otra localidad mayor, en una carrera de retratista itinerante emulando a su suegro.


No obstante, los padrones malagueños nos devuelven noticias de la retratista a partir del año 1880, donde  aparece siempre como viuda y propietaria. Un estatus social y económico muy superior al de una sencilla profesional independiente y que nos permite apuntar los orígenes familiares de Joaquina, ligados a la alta burguesía de la capital malagueña. Una posición que, entre otras, le permitió dedicarse a actividades filantrópicas, siendo, por ejemplo, la primera mujer en formar parte de la junta directiva de la Cruz Roja de Málaga. Unas circunstancias que, quizas, explicarían el temprano abandono de su actividad como fotógrafa.


Notas:

(1) Los apellidos de Joaquina aparecen reproducidos, tanto en los registros oficiales como en la prensa, con pequeñas variaciones, erratas y diferentes interpretaciones de la ortografía, como Mayol o Mayor y Bazo o Baso. Nosotros tomamos los apellidos que aparecen en los registros oficiales, que nos merecen algo de más fiabilidad, aunque por estos datos apenas sea reconocida y estos también era común que contuvieran errores. 

(2) Muy propio de la época es el registro del matrimonio en el padrón, donde el marido aparece en el apartado de profesión como artista, pero el modelo registra ni tan siquiera imprime la opción laboral para las mujeres.


Bibliografía, hemerografía y archivos:


-FERNÁNDEZ BOLEA, Enrique. Relatos fotográficos de Almería en el siglo XIX. Luces en la historia. Arráez Editores. Cuevas de Almanzora, 2018.

-FERNÁNDEZ RIVERO, Juan Antonio. Historia de la fotografía de Málaga durante el siglo XIX. Málaga: Miramar, 1994.

-FERNÁNDEZ RIVERO, Juan Antonio y GARCÍA BALLESTEROS, María Teresa. Tras los pasos de  Lorichon. Málaga: Blog Colección Fernández Rivero, 2018.

-GARCÍA FELGUERA, María de los Santos y MARTÍ BAIGET, Jep. “Barcelona i la daguerrotípia”. En: El Daguerreotip. L’inici de la fotografia. Barcelona: Ajuntament de Barcelona-Arxiu Fotografic de Barcelona, 2014.

-GONZÁLEZ PÉREZ, Antonio Jesús. Andaluzas tras la cámara. Almería: Centro Andaluz de la Fotografía, 2021.

-LARA MARTÍN-PORTUGUÉS, Isidoro y LARA LÓPEZ, Emilio  L. La memoria en sepia. Historia de la fotografía jienense desde los orígenes hasta 1920.

-RODRÍGUEZ MOLINA, Mª José y SANCHIS ALFONSO, José Ramón. Directorio de fotógrafos en España 1851-1936. Valencia: Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia, 2013.

-Actas de la Sociedad de Amigos del País de Málaga del 19 de julio de 1863.

-El Avisador Malagueño.

-Padrones municipales de la ciudad de Málaga.

-Registros de defunción.

-Registro matrimonial.