martes, 22 de septiembre de 2020

Roisin: postales cordobesas de la república a la dictadura.


Uno de los postalistas españoles más prolíficos del siglo XX es el francés Lucien Edouard Roisin Besnard (París 1884-Barcelona 1943). Su amplísima colección postal incorpora un buen puñado de cartulinas cordobesas. De ellas, un importante número de instantáneas, como no, son de la Mezquita Catedral. Su legado está compuesto por más de 77.000 fotografías entre negativos de vidrio, plástico y postales. Hoy, custodiados por en el Centro de Estudios Fotográficos de Cataluña, una institución dependiente de la Diputación Provincial de Barcelona. Hace unos años, el Centro de Tecnología de la Imagen de la Universidad de Málaga digitalizó los fondos andaluces. Y, gracias a su trabajo, conocemos las 374 fotografías de Córdoba que se conservan, así como un pequeño grupo de imágenes de Belmez.









Su repertorio cordobés, además de contar con las clásicas vistas de la Judería y la Mezquita, alberga interesantes vistas de la ciudad moderna: Tendillas, Gran Capitán o Jardines del Duque de Rivas y de Agricultura. Roisin también despliega un gran interés por los patios cordobeses, las ermitas y los ermitaños de la sierra, algunos tipos clásicos y rincones poco fotografiados del barrio de la Axerquía. 

La edición de las postales cordobesas de Roisin abarca todo tipo de técnicas postales, desde la fototipia en byn, las tiradas monocromas en azul o sepia, la impresión fotomecánica en byn y en color inventado y, por supuesto, las postales en papel fotográfico o de brillo. Su producción postal cordobesa fue enorme y evolucionó con los años y las modas. Así, una misma fotografía la podemos encontrar en postales con los márgenes blancos lisos, con los márgenes blancos troquelados y troquelados sin márgenes. Un éxito que llevó a los Roisin a editar diferentes cuadernillos y álbumes de postales monográficos de Córdoba en formato librillo, acordeón y hasta una colección miniatura. 





T
odas estas reediciones y la larga vida editorial de sus postales han hecho muy difícil fechar las fotografías cordobesas de su colección. Los editores y fotógrafos, sobre todo, eran empresarios y querían rentabilizar su trabajo al máximo, para lo que evitaban tomar fotografías con elementos que pusieran fecha de caducidad a sus imágenes. Todo esto, unido a que el grueso de las postales cordobesas pertenecen a la zona monumental, que tan pocos cambios ha sufrido a lo largo del siglo XX, permitieron, una y otra vez, la reedición de las cartulinas de la casa Roisin hasta su cierre en 1962. Solo la llegada de la postal impresa en color, marcará el declive de estas cartulinas, entonces ya obsoletas por ser en blanco y negro.





N
osotros barajamos dos fechas y dos viajes para las fotografías del fondo cordobés de Roisin. Para ello nos basamos en la identificación del estado de varios espacios urbanos cordobeses. El primer reportaje podría estar realizado hacia 1930, ya que su postal de la Puerta del Puente se encuentra exenta, pero las obras de la plaza del Triunfo están aún sin finalizar. Un estado que concuerda con una fotografía idéntica publicada en este año por el diario cordobés La Voz. Además, en sus instantáneas de la plaza de las Tendillas, esta ya aparece con la estatua del Gran Capitán. Mientras, la avenida del gran militar montillano se encuentra abierta al tráfico de automóviles tras su traslado. Dos hechos que se produjeron en 1927 y 1928, respectivamente. El segundo reportaje lo fijamos hacia 1953, ya que incluye fotografías de nuevos espacios urbanos de la ciudad, con postales de y desde el Puente de San Rafael, inaugurado en este año, así como de la calleja de las Flores, abierta al turismo en 1950. 







Respecto a la autoría de las fotografías, es físicamente imposible que Roisin sea el autor de su inmensa colección. Quizás, su primer reportaje postal cordobés, al coincidir con el inicio de la creación de su editoral, pudo estar realizado por el propio Lucian. El segundo trabajo no, al ser posterior a su fallecimiento. Estas fotografías podrían estar realizadas por profesionales contratados exprofeso por la compañía. Aunque, algunos autores apuntan a que su sobrino colaboró con él en la realización de numerosas fotografías. Sea o no el autor, su archivo, al contrario que la mayoría de las colecciones de la época, han llegado en muy buen estado a nuestros días, gracias a ello hoy podemos disfrutar de un documento gráfico fundamental.








lunes, 17 de agosto de 2020

Córdoba en el objetivo Jean y Michel Dieuzaide



1952 La calleja de las Flores por Jean
Dieuzaide.

Fotografía de viajes.
El libro de viajes es un género literario que se remonta a la mismísima Iliada. Aunque, la concepción moderna de este formato narrativo nace en el siglo XIX con los viajeros románticos. Estos autores generaron en muy pocos años una amplia bibliografía española. Las mejores ediciones incluían algunos grabados que reproducían, de una forma más o menos fidedigna, vistas de las ciudades visitadas por el viajero-autor. Pero su elevado coste de edición hacía estos ejemplares muy escasos. No será hasta la llegada de la fotografía y sobre todo a la introducción de la reproducción fotomecánica, ya a finales de la centuria, cuando estos libros se generalicen y se conviertan en un auténtico relato visual de ciudades y países.

Por su historia y patrimonio, Córdoba cuenta con numerosos ejemplares de este genero en multitud de idiomas. Uno de los más bellos por sus fotografías es Espagne du Sud de Jean Sermet. Un texto ilustrado por el gran fotógrafo francés Jean Dieuzaide (Grenade 1923-Tolosuse 2003), también conocido como Yan. El libro fue publicado por la editorial Arthaud en 1953 con gran éxito y una excelente reproducción. Hoy, el libro es muy fácil de encontrar en librerías de viejo gracias a las numerosas ediciones publicadas y, como su propio título avanza, es un recorrido por la España del sur, que, además de Andalucía, incluye las comunidades de Murcia y Extremadura. 

Jean Dieuzaide.
El grueso del reportaje fotográfico, salvo algunas fotografías sueltas, fue realizado por Yan durante la primavera y el verano de 1952. Su trabajo es de una belleza extraordinaria y abarca desde la fotografía de paisajes, las vistas urbanas y de pueblos a los reportajes antropológicos de algunas de las fiestas más significativas de nuestra tierra. En las fotos de Dieuzaide podemos apreciar una visión honesta y casi siempre alejada de los tópicos andaluces más rancios, consiguiendo uno de los reportajes más cercanos a la realidad española de su tiempo y al mismo tiempo más hermosos. 

Córdoba ocupa un capítulo del libro e incluye un reportaje fotográfico no muy numeroso con 8 instantáneas. Al estudiar sus imágenes, de un documentalismo muy clasicista, parece que Yan se queda atrapado por la monumentalidad de la ciudad. Un visión que también conquista a la editorial Arthaud, que utiliza en su primera edición una toma al atardecer del Cristo de los Faroles para la sobrecubierta de la portada en papel couché. Pero, a mi modo de ver, las instantáneas cordobesas más interesantes de Jean son las dos tomas donde introduce en el paisaje urbano de la ciudad el elemento humano, consiguiendo dos bellísimas tomas: una desconocida vista sin turistas de la calleja de las flores y un panorama de la ciudad desde el entorno de la Calahorra con uno de los últimos cabreros que bajaban al Guadalquivir a dar de comer y beber a sus animales. Un trabajo fantástico que seguro cuenta con más fotografías estupendas en el archivo Dieuzaide y a las que no hemos podido acceder. 
Esta fue la primera ruta española de Jean, quien realizó más trabajos por todo el país para otros libros tanto de viaje como de arte para la editorial Arthaud.


 

    

1952 Vista de la ciudad
  y otras vistas de la ciudad de Jean Dieuzaide.



Michel Dieuzaide.
No obstante, la mayoría de la literatura de viajes que tiene a Córdoba como protagonista adolece de una excesiva monumentalidad, reproduciendo las mismas anodinas y bellas postales de nuestros monumentos. Son pocas las editoriales que se han atrevido a utilizar a un autor que aporte una visión fotográfica realmente personal de la ciudad. Una de estas raras excepciones es la de Michel Dieuzaide (Tarbes 1951), curiosamente hijo de Jean Dieuzaide. 

Michel fotografía la ciudad entorno a 1984 para el libro Nos Andalousies de Michael del Castillo publicado en 1985 por la editorial Berger-Levrault. El tomo de Michel solo se centra en el territorio andaluz y aunque en la publicación solo utiliza el color para fotografiar la comunidad, la simultánea con la película en blanco y negro durante su viaje. Por desgracia, aún no he dado con un ejemplar del mismo y solo he hallado en un banco de imágenes un pequeño grupo de instantáneas cordobesas. Apenas son 5 fotos, pero este puñado de imágenes destila auténtica fotografía callejera y una visión realmente única de la ciudad. Seguramente, estas imágenes no gustarán a mucha gente por mostrar una imagen degrada de la ciudad. Pero a mi, junto al trabajo aún más parco de Josef Koudelha, me parece de la mejor fotografía de autor cordobesa que conozco. Curiosamente, Michel volverá a Córdoba en el año 1996 para exponer su trabajo sobre flamenco en la añorada sala de la Posada del Potro. 

Es insólito que padre e hijo fotografiaran Córdoba para libros de viajes con una diferencia de 30 años. Un caso que no creo se repita en nuestra ciudad entre los fotógrafos foráneos. Sin duda, dos franceses, padre e hijo, enamorados de España y de Córdoba.





   



lunes, 6 de julio de 2020

La avenida del Gran Capitán, la Córdoba moderna

La avenida de Gran Capitán fotografiada por Francisco González en 1985 durante las obras de construcción de un aparcamiento subterráneo y que desvelaron un importante yacimiento arqueológico romano.
Si hay un espacio urbano realmente moderno en la ciudad de Córdoba es la avenida del Gran Capitán. Esta vía ha sido fotografiada a lo largo de su historia por innumerables profesionales de la fotografía   que nos han legado en imágenes sus sucesivas transformaciones.

Nacida en 1862 de la supresión de la alameda del antiguo convento de San Martín y de la demolición de las murallas de la ciudad en La Ronda de los Tejares, esta se diseñó para conectar la ciudad antigua con la nueva estación de ferrocarril. Fue el primer bulevar y paseo de salón de la nueva ciudad burguesa. Contó con la primera iluminación eléctrica pública de la ciudad en 1882, así como con el primer edificio modernista cordobés, el de los Álvarez Cid en 1907. En 1923 conoció al ilustre militar que le da nombre con la inauguración de su monumento. Aunque en 1927, su apertura al tráfico de vehículos a motor obligó al ecuestre general a su traslado a la plaza de las Tendillas. Pero, esta avenida también albergó a los, hoy desaparecidos, teatro Duque de Rivas y al teatro Circo del Gran Capitán, donde en 1896 se instaló el primer cinematógrafo de la ciudad. Además, de nuestro Gran Teatro. Fue el escenario del comienzo de la Guerra Civil con la toma a cañonazos del antiguo Gobierno Civil de la provincia, edificio que sería derribado en 1972. Tuvo como vecino al coso taurino de Los Tejares, que posteriormente fue demolido para construir los primeros grandes almacenes de Córdoba. Desde la llegada de la democracia ha vivido el intento de construcción del fallido aparcamiento subterráneo, un fallido proyecto que lo devolvería a su función original de bulevar peatonal, donde hoy se celebran numerosas actividades culturales y sociales como la feria del libro y todo tipo de mercardillos. El nuevo milenio lo verá crecer gracias a las obras de soterramiento de las vías del tren, prolongando su longitud hasta la mismísima avenida del Brillante.

Un espacio urbano singular que en sus 158 años de vida ha sido fotografiado como corazón comercial  y social de la ciudad de Córdoba y que con este vídeo he pretendido crear una película de algo más de tres minutos que resume siglo y medio de historia de la ciudad.


domingo, 21 de junio de 2020

Córdoba en color 1912

La Mezquita Catedral en un autocromo de Ameriza, circa 1917.
La Fuente del Olivo en un autocromo de Ameriza, circa 1917.

El Patio de los Naranjos en un autocromo de Ameriza, circa 1917.

Autocromo de Ameriza, circa 1917.


La Calahorra por Charles Jacquin.
Hoy hacer una fotografía en color nos parece los más tan natural como sacar de nuestro bolsillo y hacer una foto. Aunque la invención de la fotografía en color se remonta casi a los orígenes del medio, concretamente a 1869, cuando Charles Cros y Louis Ducos Du Haron descubren el proceso de tricomía por color sustractivo. Sin embargo, este sistema era tan extraordinariamente complejo, que técnicamente era inviable de aplicar a la fotografía comercial. Por ello, y durante más de un siglo, los fotógrafos que querían imágenes en color recurrieron al iluminado o coloreado manual de sus fotografías. Con la aparición a comienzos del siglo XX de las películas pancromáticas, sensibles a todo el espectro lumínico, en 1907, los hermanos Auguste y Louis Lumiere inventan la primera película comercial en color de la historia, el autocromo. 

No obstante, el proceso no era sencillo y solo facilitaba un positivo único sobre cristal del que, además, no se podían obtener copias. La estructura de estas placas estaba compuesta por un negativo de vidrio en blanco y negro pancromático, emulsionado al gelatino bromuro. Sobre este se colocaba un filtro de vidrio compuesto por pequeños granos de fécula de patata coloreados de naranja, verde y morado. Este sándwich, tras ser expuesto en la cámara, era separado para revelarlo convencionalmente y obtener por contacto un positivo de idénticas dimensiones en blanco y negro y al que, de nuevo, se le adjuntaba su filtro, con el que se obtenía la fotografía en color. Además de su complejidad de procesado, el autocromo tenía el inconveniente de su baja sensibilidad que imponía elevados tiempos de exposición en la cámara. Todo ello hizo del autocromo una emulsión de uso muy limitado, aunque la película fue acogida con gran entusiasmo por los fotógrafos aficionados, especialmente entre los pictorialistas. Los formatos más comunes del autocromo son las estereoscópicas tipo Richard y las placas convencionales de 9x12 cm.




Autocromos cordobeses de Charles Jacquin.

En Córdoba, tenemos noticias de que, en 1908, ya trabajaban con autocromos los fotógrafos Francisco Montilla y Agustín Fragero. Este último obtuvo con sus fotografías en color un importante reconocimiento internacional con la medalla al mérito en la Exposición Internacional de Londres de 1914. Hoy, estas placas de cristal son bastante difíciles de encontrar. En 2007, además del trabajo de Montilla y Fragero, di a conocer el trabajo del francés Gervais de Courtellemont (Avon 1863-Seine et Marne 1931). Un precioso reportaje de la ciudad que, en 1924, se publicó en la prestigiosa revista National Geographic. En 2011, apareció el trabajo del reportero galo Auguste Leon (1857-1942), quien fotografió la ciudad con las placas autocromas en 1914 para el proyecto Archivos del Planeta del megalómano banquero estadounidense Albert Khan. Hace tres años me hice con los primeros especímenes cordobeses de esta técnica para mi colección, realizados por un fotógrafo aficionado del que no he podido saber más que su apellido, Ameriza y que por el estado de la fachada de poniente de la Mezquita Catedral podemos fechar como anteriores a 1917. Son tres tomas del templo cordobés entre la que destaca una típica vista de la Fuente del Olivo muy rara, porque en los autocromos de exteriores, al igual que los daguerrotipos, son poco comunes la precisa de personas por los elevados tiempos de exposición que requerían. Y la cuarta placa muestra un paisaje serrano que aún no he podido identificar.

Pero, hace unos días, este catálogo cordobés en color se ha incrementado, cuando encontré en la página de Facebook Historia de Córdoba en imágenes el hallazgo de RafaHell Expósito Ruiz en el Portal de las bibliotecas de París con un nuevo grupo de autocromos cordobeses de Charles Jacquin fechados entre 1910 y 1920. Pocos son los datos existentes en la red de este fotógrafo. Por las fotografías que hemos podido localizar, sin duda, se trata de un autor aficionado muy relacionado con el primer movimiento fotográfico artístico de la historia, el pictorialismo. Aunque su obra está más ligada a la segunda etapa de esta corriente, el pictoricismo. Este movimiento reivindicaba la fotografía como un medio artístico de igual rango que la pintura. Para conseguirlo, los pictorialistas imitaban las temáticas y la estética del dibujo y la pintura. En el caso de Jacquin con el uso de procesos pigmentarios en blanco y negro como el carbón y el bromoleo, con los que consigue un acabado granulado y difuminado similar al de un dibujo al carboncillo. Además, Charles perteneció al prestigioso Photo-Club de París. Una asociación de fotógrafos aficionados que abanderó el movimiento pictorialista en Europa y organizó la internacional Première Exposition D´art Photographique de 1894, en la que participó Charles y en la que solo se admitieron obras de un “verdadero carácter artístico”


Vista de París en una copia al carbón de Charles Jacquin.

Jacquin debió de ser también un trotamundos, ya que, en 1912, viaja a Egipto, donde fotografía en color con la técnica del autocromo. Placa que también trabaja en su extenso viaje por España, donde retrata las ciudades de Barcelona, Zaragoza, Burgos, Segovia, Toledo, Granada, Sevilla, Málaga y Córdoba. Un reportaje de 67 autocromos que conserva la Biblioteca Histórica de la Villa de París.

Los 7 autocromos cordobeses muestran las imágenes típicas del casco histórico. Dos vistas del panorama de urbano de la ciudad desde el entorno de la Calahorra. En una de ellas se puede apreciar la finalización de la obra del murallón hasta el Puente Romano que se finalizó en 1905 y se intuye la restauración del Puente Romano de 1909. Una toma del molino de la Albolafia desde el puente en la que se puede apreciar como las obras del murallón han llegado a la almazara cordobesa y que pudieron finalizar en torno a 1915. Y,  por último, cuatro tomas de la Mezquita Catedral que incluyen la calle Cardenal Herrero, el Patio de los Naranjos y dos interiores del bosque de columnas de la Mezquita. Las fotografías nos develan una mirada a la ciudad anodina y mil veces repetida por tantos fotógrafos. En estos autocromos Jacquin se revela técnicamente solo como un autor correcto, aunque con graves errores de composición en varias de sus tomas, que nos ofrece vistas torcidas o mal encuadradas. Sin duda, el gran valor de su trabajo cordobés se encuentra en lo temprano de su trabajo dentro del género fotográfico en color en la ciudad de Córdoba. Este lo podríamos fechar entre 1910 y 1915, por lo que se encontraría entre las fotografía en color conocidas más antiguas de la ciudad.


No obstante, la fotografía en color no será realmente comercial hasta la llegada de la década de 1960 y ya realmente popular en la década de 1980 con la implantación de los minilaboratorios que revelaban los rollos en color a precios a asequibles y en solo 24 horas. Un periodo al que próximamente dedicaré algunas entradas en el blog.



Autocromos cordobeses de Charles Jacquin.

domingo, 14 de junio de 2020

Icono pop cordobés

Dora la cordobesita retratada por Compañy para el semanario Mundo Gráfico.

Durante el siglo XX, la cultura popular, especialmente la norteamericana, construyó todo un panteón de nuevos dioses. Personajes casi siempre relacionados con las artes escénicas y el mundo del espectáculo, cuyo éxito profesional o su atractivo personal los convirtió en ídolos para el pueblo llano, convirtiéndose su imagen en modernos iconos de la sociedad de masas. Aunque el fenómeno es mucho más antiguo, su concepción moderna esta ligada a la aparición de la fotografía, que construye una imagen pública de la persona para su difusión, aunque en la mayoría esta pose sea ficticia. 

Ya en el siglo XIX, los primeros retratistas crearon catálogos de los personajes más célebres del momento. En España, uno de estos pioneros fue el francés Jean Laurent, en cuyo archivo comercial convivían retratos de la reina Isabel II, con el de generales o ministros, pero también con pintores, escritores, artistas de circo o toreros. Los fotógrafos fabricaban con sus cámaras una instantánea que, si tenía éxito, se fijaba como un símbolo en el imaginario popular. Una imagen que en algunos casos era de tal impacto que llegaba a suplantar y sustituir la imagen real de la persona. El fenómeno se afianzará con el nacimiento de las primeras revistas gráficas de comienzos del siglo XX. Estas publicaciones llevaban a sus portadas los retratos de las celebridades más populares del momento.

En Córdoba, sin duda, los primeros iconos de la cultura popular fueron los toreros. Los retratos y postales de Lagartijo, El Guerra o Machaquito eran venerados por toda la ciudad por sus seguidores. Pero, más allá de los califas del toreo, la ciudad tuvo otros referentes de impacto nacional entre las masas: el pintor Julio Romero de Torres o, en menor medida, los políticos Niceto Alcalá Zamora y Alejandro Lerroux. Sin embargo, son escasos los iconos femeninos cordobeses reconocidos en el ámbito español. El más célebre, incluso hoy día, sea el de la joven Teresa López modelo del lienzo La Chiquita Piconera de Romero de Torres. De igual impacto en su tiempo, pero que hoy es una gran desconocida para el gran público es la cantante Dora la cordobesita. 

También conocida como La Niña por su precocidad en el arte de la canción y el baile, fue una de las grandes figuras españolas de la canción en el periodo 1914 y 1927. Dora, además de ser también modelo de Julio Romero, protagonizó bellísimas portadas y postales, realizadas por algunos de los mejores fotógrafos españoles de su tiempo como Compañy, Calvache o los cordobeses Torres y Linares. No obstante, su pronta retirada de los escenarios tras casarse con el diestro Chicuelo, así como el inexorable paso del tiempo hacen de ella hoy una gran desconocida en Córdoba de la que solo nos quedan algunas de sus fotografías.


                             








                   





                 



                                           





sábado, 30 de mayo de 2020

Córdoba 1929: la ciudad moderna de Antonio Passaporte.


Plaza de las Tendillas por Antonio Passaporte, 1929.


Por su historia y monumentalidad, Córdoba es una de las ciudades más retratadas del mundo a lo largo de los 181 años de vida de la fotografía. Una gran suerte que nos permite tener auténticos incunables de la historia de la fotografía. Pero, al mismo tiempo, esa historia es una pesada losa para la imagen de la ciudad y que la ata irremisiblemente a su pasado. Esta apabullante monumentalidad ha condicionado tanto la mirada de los fotógrafos, como la imagen que estos han difundido de la ciudad con sus fotografías. Nos guste o no, y parafraseando aquel eslogan turístico de la década de 1980: Córdoba, ante todo, es Mezquita para el mundo.  

A mi modo de ver, uno de los pocos fotógrafos que supo equilibrar su visión entre la ciudad histórica y la ciudad moderna fue el portugués Antonio Passaporte (Évora 1901-Lisboa 1983). Aunque quizás, su nombre no es tan reconocido como el de otros colegas coetáneos, porque Antonio es el fotógrafo oculto tras las postales de la popular casa Loty. La vida de Passaporte es digna de una novela, nacido en Évora, criado en Angola, estudia en Lisboa, se traslada a Madrid donde trabaja en unos laboratorios cinematográficos, se convierte en fotógrafo y representante de la casa Loty con la que viaja por toda España, Marruecos y Argentina, se alista en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil y vuelve a Portugal, donde se convierte, ahora ya con su nombre, en un reputado fotógrafo y postalista.

Por las imágenes que han llegado a nuestros días, Antonio realizó una sola visita fotográfica a Córdoba. Aunque, debido a las sucesivas reediciones de sus postales, este reportaje se encontraba en ese limbo temporal de las tarjetas de brillo. Así se conoce entre los coleccionistas a las postales realizadas en papel fotográfico y que llevaba a datar las fotografías de Passaporte entre la década de 1920 y comienzos de la de 1940. Pero, tras el estudio de sus negativos que se conservan en el Instituto del Patrimonio Cultural de España, podemos afirmar con gran precisión que su reportaje está realizado en el año 1929. 

Esta fecha nos la confirman las propias fotografías de Antonio. En ellas, podemos apreciar las numerosas remodelaciones urbanas realizadas entorno a este año. Son muchas a enumerar y todas nos empujan a esa fecha. Pero, sin duda, las imágenes más resolutivas son su vista de la Puerta del Puente y de la Plaza del Triunfo. Dos instantáneas que aparecen en obras durante el cierre del muro del monumento a San Rafael. Estas coinciden en su estado de los trabajos de construcción con otra fotografía realizada por el reportero cordobés Domingo García Santos y que es publicada en 1929 en una información del diario gráfico La Voz de Córdoba.

El objetivo de Passaporte, de forma muy poco común, capta esa ciudad que tras décadas de parálisis urbanística comienza a crecer tras la definitiva demolición de sus murallas. Una urbe que mira al futuro, optimista y orgullosa de su nuevo símbolo de modernidad: la recién remodelada Plaza de las Tendillas. Un espacio que se convierte en el corazón urbano de la Córdoba del siglo XX y que Passaporte fotografía en 1929, tras la finalización de sus edificios más emblemáticos.

Además de la renovada Plaza de las Tendillas, entre las postales del señor Loty, como también era conocido Antonio, encontramos espacios tan novedosos en la iconografía de la ciudad como los jardines de la Agricultura, la avenida de Canalejas (hoy Tejares), los distintos tramos de la avenida del Gran Capitán, la calle Gondomar, la también recién creada Claudio Marcelo, Jaime Costas (hoy Capitulares), los jardines de Colón o el viaducto del Pretorio. Un interesantísimo reportaje compuesto por 90 fotografías que muestran una Córdoba insólitamente actual para 1929. Algo sorprendente en un medio tan conservador como el de la postal, que, tradicionalmente, solo se ha interesado por la Mezquita Catedral y nuestro patrimonio monumental, dando, en gran medida, de lado a la Córdoba contemporánea. Algo que, salvo contadas experiencias, aún ocurre y que arroja un repetitivo océano de postales del casco histórico. 

Aunque, ni estética ni técnicamente estamos ante un fotógrafo excepcional, Passaporte sí supo mirar más allá de lo tópico y retratar la Córdoba de su tiempo, una ciudad que más allá de su historia intentaba avanzar hacia el futuro.


Puerta del Puente por Antonio Passaporte, 1929.
Plaza del Triunfo por Antonio Passaporte, 1929..

7 de Abril de 1929 La Voz de Córdoba, plaza del Triunfo.



Avenida de los Tejares y abajo avenida del Gran Capitán por Antonio Passaporte, 1929.





Calle Capitulares, abajo jardines de Colón, Agricultura, viaducto del Pretorio y Gondomar por Antonio Passaporte, 1929.








Calle Claudio Marcelo por Antonio Passaporte, 1929.