¿Una Bienal contemporánea?

Pasado ya el ecuador de la Bienal de fotografía de Córdoba he realizado un pequeño análisis del festival cordobés para mi diario y que os dejo en  este enlace y más abajo por si os apetece echarle un vistazo.


¿Una Bienal contemporánea?

Es una auténtica alegría tener Bienal este año en Córdoba. Quizás sea una visión ingenua o conformista, pero con la que está cayendo en nuestro país que no nos la hayan recortado o eliminado es todo un lujo para los amantes de la fotografía. Luego, como siempre, cada espectador la valorará según sus gustos y opiniones, por no hablar del mundo fotográfico y del artístico tan polarizado en esta ciudad y tan sumamente crítico, por no decir destructivo, con la Bienal según quien la organice. Por eso y para variar este año de nuevo ha habido polémica por su organización y contenidos.

Desde hace ya unas ediciones la Bienal cordobesa imita en su estructura al evento fotográfico de referencia de nuestro país, el madrileño PhotoEspaña. El Ayuntamiento, organizador del encuentro en solitario, eligió al crítico y comisario Oscar Fernández como responsable para esta edición, quien propuso una idea o temática en torno al título Después del diluvio , al que en teoría se adhiere todo el programa y que a su vez se divide en varias secciones: la oficial, la paralela, la off y los eventos. Un lema sugerente y muy actual en el que Fernández plantea cómo en estos tiempos de crisis en los que los discursos modernos y postmodernos parecen agotados hay que volver a algo tan básico como buscar la belleza en el arte y olvidar tanta retórica discursiva propia del discurso contemporáneo. Para ello el comisario se apoya en cuatro reconocidos autores de distintas tendencias de las últimas cuatro décadas. Entre ellos se entremezcla la tradición más clásica de la fotografía con propuestas como las de Pierre Moliner o Robert Mapplethorpe y otras claramente contemporáneas que fluyen entre la fotografía, el vídeo, la video instalación o la performance de la mano de la obra de Marina Abramovic y el más joven Jesper Just.

Sin pretender ser sarcástico, de nuevo es una alegría comprobar cómo la política no se ha inmiscuido en los contenidos, gusten o no, y ha dado autonomía al comisario para diseñar una Bienal en la que sin duda sobresalen autores tan encumbrados y por desgracia polémicos como Mapplethorpe y Molinier. Dos propuestas muy arriesgadas para una ciudad tan tradicional y conservadora como es Córdoba y que sorprendentemente ha encajado muy bien la obra de estos dos artistas, que por desgracia han sido perseguidos y marginados en otros lugares. En conjunto cuatro muestras muy marcadas por el individuo, o incluso el personaje, como gran protagonista en el objetivo de la cámara de estos autores que el comisario articula en esa búsqueda por hallar la belleza, sin duda, la del ser humano. Una sección oficial escasa en cuanto a su número de exposiciones, aunque, eso sí, con nombres muy potentes que consumen el grueso del presupuesto de la Bienal y en la que sin duda se echa de menos más y mejor obra de Robert Mapplethorpe.
Por otros derroteros más prosaicos, de nuevo hay que alabar la organización de esta edición, ya que el Ayuntamiento comenzó a trabajar con más tiempo del habitual para desarrollar su programa, toda una novedad en nuestra ciudad. Un detalle que ha permitido, para variar, tener no demasiado tarde la web y a tiempo los catálogos. Además, el pasado mes de julio el Area de Cultura abrió una serie de ayudas económicas para la participación de autores en la sección paralela bajo las premisas de comulgar con el concepto de esta edición y superar la selección del equipo de trabajo de la Bienal. Sin duda, una gran idea a la que se presentaron casi cien autores de los que se seleccionaron siete, que se repartieron a parte iguales la pequeña ayuda del Ayuntamiento para aumir la costosa producción de sus muestras. De los siete seleccionados hay que destacar como nada menos que cinco de ellos son autores cordobeses. Un dato que muestra, desde distintas sensibilidades, el alto nivel de la fotografía cordobesa.

En esta sección podemos encontrar opciones y temáticas fotográficas bien dispares, desde la propuesta de una cuasi revisión de la fotografía pictorialista del siglo XIX en la obra del jienense Fernando Bayona, en la que este autor, que no fotógrafo, casi esculpe sus fotografías recreando distintas obras de la literatura universal en su pequeño habitáculo escénico. Otras propuestas son más cercanas al formalismo estético como los fotomontajes de casas abandonadas de J. Ramón Moreno, o los asfixiantes espacios de Raúl Florencio Aparicio o incluso la muestra colectiva de socios de Afoco, quienes han realizado un llamativo esfuerzo con una propuesta conceptual. Las exposiciones de Juan García Gálvez o Joaquín Juliá nos adentran en una fotografía más tradicional donde el paisaje urbano o natural se erige en protagonista absoluto de una belleza plástica. Mientras que quizás Fernando Sendra presenta la propuesta más crítica con el individuo, mostrando de una forma cruda y poética los resultados del alejamiento entre el ser humano y la naturaleza en la sociedad consumista del siglo XXI.

Como las ayudas eran limitadas y muchos autores y salas querían entrar en la Bienal, aunque fuera sin subvención, el Ayuntamiento, para tener a todo el mundo más o menos contento y de paso conseguir así un mayor número de exposiciones, abrió una tercera vía con el nuevo espacio Off. Una sección abierta a una participación aparentemente menos controlada de fotógrafos en donde curiosamente los autores locales son minoría y las propuestas se muestran abiertamente más dispares con el guión temático del festival. Aquí se confrontan las propuestas netamente contemporáneas como los trabajos de Arturo Comas, Rocío del Pino o Guillermo Perea con planeamientos de fotografía fotográfica, termino acuñado por el gran pope de la fotografía española Joan Fontcuberta para referirse a la fotografía de raíces analógicas, como las exposiciones de Manuel Lama, Salvador Jiménez, Francisco González San Agustín o Cristina Candel.

En definitiva, una Bienal variada que coquetea entre dos mundos hasta ahora antagónicos, que nos ofrece propuestas y calidades muy dispares en ambos bandos de la trinchera fotográfica. Una Bienal en la que se echa de menos el apoyo del Centro Andaluz de la Fotografía, del que cada vez se sabe menos para qué sirve, y de las salas de la Diputación de Córdoba que andan desaparecidas por cierre cultural. Una Bienal fracturada entre muestras de ricos y muestras de pobres, por el criticado reparto del presupuesto y de las ayudas. Una Bienal en la que los políticos se dedican a contestar en la inauguración a unas críticas que por sus malos modos se desautorizan solas a pesar de tener algo de razón. Una Bienal que intenta cerrar la brecha entre fotógrafos y artistas contemporáneos y que sería bueno que lo consiguiera.

Pero lo realmente lamentable es que después de 13 ediciones no hay un modelo definido de Bienal, como sí ocurre en otros eventos culturales de la ciudad como el Festival de la Guitarra o Cosmopoética, que de verdad son proyectos de ciudad y donde todas las administraciones se mojan y da igual quien se siente en el gobierno municipal o sea el concejal de cultura, pues el proyecto es sólido e incontestable. Hace falta ya que la Bienal tenga un espacio fijo en la programación cultural y se estabilice en unas fechas concretas del año. Así como una partida fija, sea cual sea la cantidad, en los presupuestos municipales que le den la necesaria estabilidad y continuidad que sin duda se merece el evento de las artes plásticas más longevo de nuestra ciudad

Comentarios

  1. Hola Antonio..
    Decirte que me ha gustado mucho tu artículo, pero me gustaría hacer un inciso sobre el presupuesto para la sección paralela.. Yo no sé dónde han acabado las ayudas de las que hablas que el ayuntamiento disponía para los costes de producción de las obras..
    Como bien sabes, yo soy uno de esos autores y hasta el día de hoy no he recibido ni un duro..
    He tenido que producir mi trabajo y Dios sabe cuando lo cobraré..
    Sólo quería dejar constancia de ello..
    Recibe un fuerte abrazo..

    Joaquín Juliá

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    Respuestas
    1. Ya me imagino que el Ayuntamiento como buena institución pública, y si se le suma la situación económica actual, demorará el pago de las ayudas. Con lo que una vez más los autores financian al Ayuntamiento o le producen sus eventos.

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